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COLOMBIA
LA DANZA FOLCLÓRICA COLOMBIANA
Felipe Lozano
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I.- LA CULTURA TRADICIONAL COLOMBIANA
A partir de la Conquista y el mestizaje españoles surgen en
el territorio colombiano formas de poblamiento y
colonización con las relaciones sociales que de allí se
originaron, las cuales determinaron las formas de la cultura
y su regionalización y que se dieron junto con el desarrollo
económico del país. Primero llegaron los migrantes blancos
de Europa y se trabaron en lucha con los nativos indígenas.
Luego, los migrantes negros del África, traídos a la fuerza
como esclavos, lo cual agudizó mucho más el conflicto, pero
a la vez contribuyó a la fusión racial de nuestra gente.
De esta historia nos queda un “mapa”, el de las regiones
colombianas: Andina, Atlántica, Pacífica, Llanera y
Amazónica, cada una con sus sub-regiones, sus departamentos,
capitales y municipios. Que se va conformando y
distribuyendo a lo largo de los siglos enteros cuando
Colombia es en su mayoría campesina, con una reducida
población urbana en pocas ciudades, donde se centraliza el
poder político y económico como Santa Fe de Bogotá, Tunja,
Santa Fe de Antioquia o Cartagena. Este mapa surge porque
las culturas aldeanas, integradas a través de los pueblos,
se contagian unas a otras agrupándose en grandes regiones.
De esta agrupación y de acuerdo al clima, el paisaje y las
formas de fundación, poblamiento, explotación de la tierra y
modos de producción y economía van surgiendo los distintos
tipos humanos con sus costumbres y sus características
propias que determinan su folclor.
II.- LAS MANIFESTACIONES DEL FOLCLOR
El folclor es el saber popular tradicional que abarca todos
los conocimientos que ha transmitido el pueblo en forma oral
y en muchos siglos de duración y, en la misma forma, todas
las habilidades y técnicas que el pueblo ha aprendido por
imitación o mediante el ejemplo, así como por los productos
resultantes. El folclor se halla representado en las
costumbres, tradiciones, usos, creencias, prácticas sociales
y todas aquellas manifestaciones típicas que se hallan
vigentes y muy arraigadas en la sociedad, constituyéndose en
su patrimonio, su herencia ancestral y su legado para las
nuevas generaciones.
En relación con el concepto de localización del folclor se
aplican los términos autóctono y vernáculo. Lo autóctono
tiene que ver con las gentes o hechos culturales,
originarios del mismo país o región de donde viven y tienen
vigencia. Vernáculo significa nativo, propio del país,
oriundo de una determinada región, terrígeno. Precisamente,
el estudio del folclor nos lleva al conocimiento de las
manifestaciones más auténticas de la cultura popular
tradicional y nos señala la lucha contra la dependencia
cultural extranjerizante.
III.- CARACTERÍSTICAS DEL FOLCLOR
Los hechos folclóricos son tradicionales porque se
transmiten de generación en generación y permanecen como
supervivencia del pasado, manifestando continuidad y
permanencia; son anónimos porque no tienen autor conocido y
su origen se remonta a tiempos muy antiguos; son espontáneos
ya que el pueblo los manifiesta libremente para expresar sus
sentimientos y su concepción sobre la vida; son colectivos
porque son comunes a todo un grupo humano que los usufructúa
y transmite, siendo considerados por éste como su patrimonio
cultural; son populares porque corresponden a la
civilización tradicional y concepción del mundo y de la vida
de los sectores populares, gozando de aceptación general y
constituyéndose en el patrimonio más querido de la
comunidad; son funcionales porque ejercen una función en la
vida material y espiritual de la sociedad que los posee y
disfruta; son empíricos, pues no se forman a través de un
aprendizaje sistemático, sino que se transmiten por la vía
popular con un aprendizaje no organizado, no dirigido y no
graduado; son típicos ya que se localizan en un espacio
geográfico y en un tiempo determinados, y asimismo se
transmiten o difunden, tanto interna como externamente; son
prelógicos, porque su relación de causalidad opera en formas
primarias y contrarias a la lógica aristotélica; y son
vigentes, porque a pesar de que aparecen como supervivencias
tradicionales se manifiestan con todo vigor y fuerza en la
sociedad, que los considera como los frutos de aquella
herencia ancestral del pasado.
IV.- EL PUEBLO O LA SOCIEDAD FOLK
La cultura folclórica surge de una concepción del mundo y de
la vida de los sectores populares en permanente contacto con
otros sectores de la sociedad, conformando lo que se ha
llamado la civilización tradicional, sociedad Folk o Pueblo
protagonista del folclor. Los individuos integrantes de esta
sociedad Folk se caracterizan por el usufructo que tienen de
las supervivencias, las cuales pueden encontrarse, tanto
entre los indígenas y los campesinos, como también en los
sectores marginales y los grupos letrados, los burgueses y
profesionales de la ciudad que han tenido movilidad social y
cuyo contacto de base se encuentra en los sectores
campesinos.
Si tomamos como ejemplo a Colombia, podemos decir que el
elemento Folk se encuentra en los grupos indígenas
supervivientes y en algunos grupos de negros de las costas
atlántica y pacífica y valles interandinos que han
conservado algunas supervivencias africanas. Pero también es
sociedad Folk el campesinado colombiano paisa,
cundiboyacense, santandereano, llanero, opita, caucano,
costeño, pastuso y chocoano, que tiene supervivencias
ancestrales españolas, aborígenes y africanas y que viven en
permanente contacto con las ciudades.
Es decir, el pueblo (Folk) es todo aquél que posee y
practica hechos folclóricos, que usufructúa supervivencias,
no importa el grado de educación, clase socioeconómica o
estamento. Una copla, un refrán, un bambuco, un cuento, un
tiple, una comida típica, una superstición, una canción, un
juego, etc., pueden manifestarse espontáneamente en un
campesino, obrero, estudiante, profesor, industrial,
artista, etc., que, al expresar como propia y autóctona esa
supervivencia, se convierte en Folk, o elemento protagonista
del folclor.
V.- DIVISIONES DEL FOLCLOR
Para su estudio podemos dividir el folclor en los siguientes
temas, que parten de las cuatro grandes ramas que propone
Guillermo Abadía Morales en el texto Compendio General del
Folklore, y al cual se le agrega una nueva clasificación:
1) FOLCLOR COREOGRÁFICO: Danzas Folclóricas, Juegos
Coreográficos y Trajes Típicos.
2) FOLCLOR MUSICAL: Ritmos, Tonadas, Cantos e Instrumentos
Musicales.
3) FOLCLOR LÚDICO: Rondas Infantiles, Canciones infantiles,
Juegos Tradicionales.
4) FOLCLOR LITERARIO: Coplas, Dichos, Adivinanzas,
Trabalenguas, versos, Pensamientos, Poemas, Chistes, Habla
Popular. Antroponimias, Toponimias, Zoonomías (Sobrenombres
o apodos para personas, animales y lugares). Mitos, Cuentos
y Leyendas.
5) FOLCLOR DEMOSÓFICO (MATERIAL): Artesanías, Comidas,
Dulces y Bebidas Típicas, Vivienda.
VI.- ZONAS Y REGIONES FOLCLÓRICAS
Para el estudio de nuestras Zonas Folclóricas Colombianas se
ha aceptado la clasificación propuesta, hace mucho tiempo,
por el investigador y trabajador del folclor Guillermo
Abadía Morales, que se realiza de acuerdo con las
modalidades típicas de zonas de extensión variable del
territorio, las cuales comprenden varios departamentos
simultáneamente o a parte de ellos que posean
manifestaciones folclóricas comunes constituyendo un gran
grupo o tipo humano regional. Dicha clasificación es la
siguiente: Zona Andina o de las Cordilleras; Zona de la
Orinoquia o de los Llanos Orientales; Zona de la Amazonía,
Zona del Caribe o Litoral Atlántico (incluye la Región
Insular de San Andrés y Providencia) y la Zona del Litoral
Pacífico.
Aunque esta clasificación se basa principalmente en factores
ambientales: paisaje, clima, tipo de habitación, ocupaciones
dominantes, relaciones humanas, atavismo racial, etc.,
existen otras variables tan diversas como los aspectos de
producción y actividad económica, los movimientos de
población , el auge o decadencia de una u otra estructura
económica regional, los modos y formas de distribución,
tenencia y aprovechamiento de la tierra, los procesos de
colonización y fundación de poblados, las migraciones, los
desplazados, las posibilidades de integración inter-regional,
intercambio económico, etc., los cuales permiten considerar
una segunda clasificación por sub-zonas o sub-regiones,
dadas por diferenciación de tipos humanos como en la Zona
Andina: El tipo “Paisa”, “Opita”, “Cundiboyacense”,
“Santandereano” “Pastuso”, “Valluno”, etc.; o como en la
Zona Atlántica el tipo humano “Insular”. Lo cual nos indica
que en cada una de las cinco zonas existen micro-culturas
con claras diferenciaciones en sus comportamientos y sus
costumbres.
La Región Andina: Es la zona geográfica de las altas
montañas, cuencas interandinas, sabanas y altiplanicies,
incrustadas en los tres ramales orográficos de la Cordillera
de los Andes Suramericanos. Es la región natural donde se
concentra la mayor parte de la población colombiana y las
principales actividades económicas e industriales de la
nación.
El río Magdalena la divide en dos áreas definidas: la región
oriental y la región occidental. En la misma forma las tres
cordilleras configuran geográficamente las siguientes sub-regiones
naturales: los macizos del sur de Tierra Dentro, San Agustín
y Nariño, el fértil valle del Cauca, las montañas de
Antioquia y el Viejo Caldas, el valle del Tolima y Huila, la
altiplanicie cundiboyacense, la cuenca del Catatumbo y otras
micro- regiones.
Debido a esta diversidad de paisajes naturales en la región
andina, la gente se ha agrupado en núcleos, con
características bien definidas (raza, costumbres,
tradiciones, formas de vivir, etc.) : “paisas”, “opitas”,
“vallunos”, “caucanos”, “pastusos”, “cundiboyacenses”,
“santandereanos”.
La Región Llanera: En el Oriente de Colombia, en la zona de
integración geográfica con Venezuela, se encuentran los
Llanos Orientales, una inmensa sabana que se extiende desde
las estribaciones de la cordillera andina oriental hasta el
río Orinoco, y entre los ríos Arauca y Guaviare.
El paisaje natural se nos presenta como una inmensa llanura
cubierta de pastos, matorrales y bosques. La zona
septentrional de la región, entre los ríos Arauca y Meta, se
denomina comúnmente Llanos de Casanare. La zona del Bajo
Orinoco, entre los ríos Meta y Guaviare, cubierta de
matorrales y bosques, se denomina Llanos de San Martín. El
eje geográfico de la región es el río Orinoco, por ello a
los Llanos también se les ha llamado Región Orinoquia. El
ambiente geográfico de la sabana, imprime un estilo de vida
que se refleja en el folclor llanero: el paisaje de la
llanura, embargado en la inmensidad de los pastos y la
ganadería, como actividad principal de la región.
La Región Caribe: Llamada también Costa Atlántica se
extiende desde los últimos ramales de la Cordillera de Los
Andes, hasta las playas colombianas del Océano Atlántico; y
desde la península de La Guajira en el Oriente, hasta el
Darién en el Occidente.
La región Caribe presenta varias sub-regiones: La Guajira
que es la península más septentrional de Colombia,
caracterizada por la extrema sequedad; la Sierra Nevada de
Santa Marta; las llanuras del Magdalena en donde se
encuentra la zona bananera, el Valle del Cesar, el Bajo
Magdalena y las Sabanas de Bolívar y la Depresión Momposina;
la región del Sinú. Desde el punto de vista de los recursos
naturales, es una región esencialmente ganadera, además con
grandes recursos pesqueros y tierras especiales para la
explotación minera y para la agricultura tropical. Otro de
las actividades económicas importantes es el turismo en La
Guajira, Santa Marta, Cartagena y San Andrés Islas.
La Región Pacífica: Se encuentra enmarcada por la Cordillera
de los Andes Occidentales y el Océano Pacífico. Comprende el
departamento del Chocó y las zonas costeras del Valle, Cauca
y Nariño. En esta región encontramos varias sub-regiones:
los valles del Atrato y San Juan, las Serranías del Darién y
del Baudó y la vertiente de la Cordillera Occidental.
El clima del Litoral Pacífico es ardiente y superhúmedo, con
lluvias durante todo el año. Del Cabo Corriente al sur, las
aguas marinas y fluviales se mezclan por las bocas múltiples
de los ríos y a través de los caños. Todos los ríos son más
o menos navegables: gracias a su caudal siempre abundante,
son las únicas vías fácilmente transitables.
La región del Pacífico posee el área minera más rica de
Colombia, principalmente oro, plata y platino; en la misma
forma es una de las zonas madereras más ricas del país.
Cuenta con una gran riqueza pesquera, en el litoral y en los
ríos y caños.
VII.- LA DANZA FOLCLÓRICA COLOMBIANA
El siglo XVI fue una época de transición entre dos mundos.
España, sociedad en expansión al igual que Inglaterra,
Portugal, Francia y Holanda todas ellas poseedoras de una
cultura tecnológica avanzada adelantó la conquista de esta
zona de América, y como efecto de la dominación colonial
fundó las primeras ciudades americanas y creó instituciones
urbanas para regular su vida social, política y económica.
En ellas se encontraron y empezaron a mezclarse los
elementos indígenas, negros y españoles que, en tres siglos
de coloniaje y de múltiples influencias, darían origen a la
nueva sociedad histórico-cultural de carácter esencialmente
mestizo tri-híbrido. También se formaron las sociedades
urbanas y en ellas surgieron las formas populares musicales
y bailables de una nueva cultura.
Muchos y diversos fueron los factores que contribuyeron a la
formación de la actual danza folclórica colombiana. Como
agentes internos actuaron los españoles, indígenas, negros,
criollos y mestizos. La principal influencia exterior
procedía de España y, a través de ella, del resto de Europa;
pero también se recibieron, vía La Habana y otros puertos,
influencias muy diversas de las colonias europeas en
América. Por otra parte, continuamente iban y venían nuevas
danzas y nuevas músicas. Desde el siglo XVII la zona Caribe
fue un crisol en el que se reunían, fundiéndose y
distribuyéndose luego por los puertos novohispanos con
dirección a Europa, danzas y músicas en las que se mezclaban
características negras, mulatas, indígenas, mestizas y
criollas. Hubo formas que venían de España y regresaban
luego transformadas, y otras que iban de América a Europa
para adquirir allí sus características definitivas y hacer
después el viaje inverso.
Los españoles que penetraron en Colombia en los siglos XVI y
XVII introdujeron las danzas y bailes característicos de la
época. En su propagación se puede analizar el fenómeno de la
transculturación musical de esferas de la alta sociedad a
las capas populares. Este fenómeno se caracterizó por el
hecho de que las danzas penetraron en los salones de la
aristocracia colonial, y de allí pasaron poco a poco a estos
otros sectores de las ciudades y más allá a las regiones
rurales. Entre las danzas de origen europeo que se hicieron
populares, se pueden mencionar: la pavana, la zarabanda, la
chacona, el pasacalle, la folía, la sevillana; aunque parece
que la zarabanda y la chacona surgieron en América Central y
de allí fueron transplantadas a Andalucía. Algunos
investigadores, como Curt Sachs, afirman incluso que el
fandango, con sus diferentes variantes, se originó en
América y de allí pasó a España en el siglo XVII. Otro caso
similar lo corroboramos con las habaneras cubanas, o el
mismo pasillo colombiano que son ritmos originados en las
contradanzas y los valses europeos, que en nuestro
territorio se transforman adquiriendo sello particular para
luego regresar a Europa. Javier Ocampo recoge varias citas
de viajeros españoles, entre los siglos XVII y XVIII, sobre
las reuniones familiares y otros festejos en los que se
interpretaban danzas de origen español y criollas
nacionales.
El mismo Ocampo presenta algunas reseñas de documentos de
1813 donde ya se mencionan el torbellino y la jota, que en
la actualidad superviven en el altiplano cundiboyacense y en
el Chocó, respectivamente, como los bailes criollos
característicos de principios del siglo XIX. Egberto
Bermúdez, en sus investigaciones sobre la música
decimonónica en Bogotá, recoge testimonios del conflicto
cultural que se presentaba en 1856 entre las danzas de
origen europeo como el Strauss, la Varsovia y la Polka,
preferidas por los jóvenes, y aquellos los bailes
practicados por los campesinos y habitantes de los pueblos,
como el torbellino, el bambuco, la caña y la manta,
desdeñados por las clases dominantes por considerarlos
contrarios a la civilización.
Cabe recordar aquí que los campesinos, por ese entonces
constituían la población de la zona andina, eran en su
mayoría mestizos y escuchaban melodías y ritmos que la
aristocracia latifundista interpretaba en sus veladas
nocturnas, festejos, celebraciones y en sus paseos.
Aprendieron a tocar los instrumentos de la época (tiple y
guitarra) y a su manera, a ejecutar e interpretar los cantos
y danzas tanto de origen peninsular como criollo, aportando
a aquellos aires algo de su espiritualidad indígena,
adoptando las danzas de salón y convirtiéndolas en
manifestaciones folclóricas.
VIII.- LA DANZA FOLCLÓRICA DE LAS ZONAS DE COLOMBIA
Zona Andina:
Bambuco (más de 20 variantes conocidas) Torbellino, Guabina,
Pasillo, Rumba Criolla, Media Caña, Perdices, Tres, Manta,
Vals, Danza, Contradanza, Polka, Sombreros, Arcos, Cintas,
Faroles, La Copa, La Escoba, Bunde, Sanjuanero Huilense,
Sanjuanero Tolimense, Rajaleña, Caña, Molienda, Custodia,
Subienda, Trenza, Monos, Estandartes, Matachines, Shiotis,
Vueltas, Redova, Ventarrón, Cachada, Fandanguillo,
Sanjuanito, Guaneña.
Zona Caribe:
Cumbia, Bullerengue, Fandango, Gaita, Porro, Vallenato,
Merecumbé, Pilón, Pilanderas, Tambora, Sere-se-sé, Puya,
Mapalé, Congo, Garabato, Ciempiés, Marimondas, Diablos
Espejos, Cucamba, Farotas, Indias Caribes, Indios Farotos,
Yonna (Cichamaya), Caimán, Paloteo, Jorikamba.
Región Insular:
Cuadrille, Shottish, Pasillo, Calypso, Mentó, Reggae.
Zona Pacífica:
Currulao, Patacoré, Berejú, Juga, Makerule, Danza, Contranza,
Jota, Pasillo, Mazurca, Polka, Abozao, Torbellino
Vallecaucano, Bambazú, Bamboleo, La Mina, La Batea, La
Canoa, Pregón, Agualarga, Bámbara Negra, Arrullos, Alabaos,
Bundes, Chocolate, Carpintero, Saporrondó, Calipso.
Zona Llanera:
Joropo, Galerón, Pasaje, Corrido, Seis, Seis por numeración,
Seis por derecho, Seis figuriao, Seis Corrido, Zumba que
Zumba, Carnaval, Pajarillo, La Vaca, Cuadrillas de San
Martín (ballet ecuestre).
Zona Amazónica:
Ritos de iniciación, bebezón, casorio, cosecha, nacimiento,
muerte, Cantos de Cuna, Arrullos, Danzas Zoomorfas.
IX.- TENDENCIAS ACTUALES
DANZA TRADICIONAL PURISTA
Esta es una denominación acuñada para una determinada manera
de abocar la danza folclórica , por aquellos cultores que no
están muy interesados en ceñirse a las características
tradicionales del folclor en sus proyecciones y son, por lo
tanto, bastante libres en ellas, acentuando las ventajas de
su propia creatividad. Dentro de mi propia clasificación y
estudio del fenómeno de la proyección de los hechos
folclóricos, utilizo la denominación PROYECCION EXTERNA
DIRECTA de la danza.
DANZA POPULAR
Se han hecho acertadas contraposiciones entre los conceptos
“popular” y “folclórico”. Aquellas danzas que comúnmente se
interpretan con intención más que todo recreativa, aunque a
veces también estética y aún de galanteo, mas no reúnen las
condiciones de lo folclórico, se consideran “meramente
populares”. Mejor podríamos denominarlas “bailes populares”.
Un buen ejemplo es la Salsa, el Rap, el House y todo cuanto
puede observarse normalmente en discotecas y fiestas de
sectores urbanos que se apoyan en música grabada.
DANZA DE PROYECCIÓN
Es aquella cuyo objetivo es ser mostrada a un público. Al
cambiar su funcionalidad propia, inherente a su carácter
original, la razón de ser que lo determina en su medio,
cualquier hecho folclórico se transforma en una proyección.
Desde luego, existen diversos tipos de proyección de hechos
de folclor.
DANZA ESPECTÁCULO
Aunque podríamos aceptar que todas la proyecciones de danza
son espectáculo, si podemos pensar que mientras algunas
proyecciones tienen como objetivo reafirmar la identidad de
una región o sacar a flote las posibilidades estéticas
propias de las danzas, otras tienen como objetivo el
espectáculo en sí mismo, como diversión para los públicos u
ornamento de diversos eventos. Estas proyecciones buscarán
más que todo impactar, deslumbrar, llamar la atención,
haciendo uso de los recursos técnicos para resaltar al
máximo las argucias de la coreografía, la expresión corporal
y el atractivo físico de los bailarines.
DANZA TEATRO
Es para mí una denominación absurda, pues la danza es una
forma de teatro. Las escenificaciones son obras teatrales
danzadas y todo en la danza folclórica obedece a un marco
cultural que al llevarse a la escena se expresa
teatralmente. Quizá se trate de un intento por recordarle a
los grupos de danzas el nexo íntimo entre la danza y el
teatro, porque se ha pensado que ellos se han alejado de
éste, o porque alguien “redescubrió” la danza desde un
enfoque predominantemente teatral con esperanzas de un
pasajero “boom” y la apariencia de lo nuevo e insólito.
DANZA EXPERIMENTAL
Puede pensarse que se trata de un género en el cual el
objetivo principal es la búsqueda incesante de nuevas formas
de danza, sea cual fuere el terreno en que se mueven
directores y grupos, el del folclor, el de la danza moderna,
contemporánea o popular. Los que parten del folclor suelen
perder el carácter de proyección folclórica, pues su interés
es predominantemente estético y prima la ideología de lo
nuevo y aún lo revolucionario, iconoclasta o escandaloso. En
este caso podría clasificarse como proyección no folclórica.
FOLCLOR CONTEMPORÁNEO
El folclor es folclor y no obedece a las épocas sino a unos
valores y a unas características profundas; claro que cada
época puede dejar su impronta en el folclor. No se pues, qué
sea “folclor contemporáneo”; a lo mejor se refiera a un
tiempo de proyección realizada con unos criterios estéticos
o de espectáculo propios de la actualidad.
X.- ESCUELAS MÁS RECONOCIDAS
La Tradición Folclórica:
Representada por los grupos autóctonos que en las diferentes
poblaciones preservan un legado tradicional en las danzas
representativas de sus regiones, así como en los nuevos
grupos que traen a la ciudad sus danzas folclóricas, que
junto con los grupos urbanos se convierten en la vertiente
más renovadora y enriquecedora.
La Escuela Jacinto Jaramillo:
El maestro Jacinto Jaramillo, antioqueño nacido en 1906, fue
el primer maestro y coreógrafo que impulsó la formación de
la Escuela Artística de Danza en Colombia, concretamente en
Bogotá. Combinó la Danza Moderna (Duncan) con los elementos
tradicionales de la Danza Folclórica. Elaboró una técnica
para la enseñanza y puesta en escena. Esta escuela pervive
en el trabajo del Grupo de Danzas Folclóricas de la
Universidad Nacional de Colombia y en la Compañía
Danza-Teatro Arte de Bogotá.
La Escuela Delia Zapata:
Delia Zapata Olivilla, nacida en Lorica en 1926, trabajó en
la creación de una escuela de Danza Tradicional, con énfasis
en la investigación, la formación y la creación y la puesta
en escena de la Danza Afrocolombiana.
La Escuela Kiril Pikieris:
Introdujo en Colombia, hacia los años setenta, una técnica
en la formación de bailarines de danza tradicional basada en
la escuela del ballet clásico tuvo en Hernando Monroy y
ahora, en Jaime Orozco, Fernando Urbina y Ligia de Granados
sus más destacados exponentes.
La Revista Folclórica:
Mezcla elementos del espectáculo musical y otros géneros del
show con las expresiones folclóricas. Algunos nombres bien
reconocibles en el panorama nacional como el Ballet de
Colombia y el Ballet de Antioquia.
La Danza Teatro:
La corriente de exploración en la dramaturgia de la danza
tradicional que han conformado recientemente algunos
inquietos coreógrafos se reconocen en el trabajo de algunas
compañías como la de Julián Bueno en Bucaramanga y la
Compañía Colombiana de Danza Felipe Lozano, en Bogotá, entre
otras.
XI.- ESTADO ACTUAL DE LA DANZA FOLCLÓRICA COLOMBIANA
Resumiendo se pueden detectar cinco grandes campos en los
que se hace necesario fortalecer el desarrollo de la Danza
Folclórica colombiana:
INVESTIGACIÓN - INFORMACIÓN: No existen medios especiales de
información cultural, ni trabajos de investigación que den
cuenta del devenir artístico y educativo. El sector presenta
grandes deficiencias para articular, acceder y actualizar la
información, lo que le impide contar con instrumentos
adecuados para diagnosticar y evaluar el desarrollo de los
procesos de creación, investigación y formación en danza.
ADMINISTRACIÓN – FINANCIACIÓN- INFRAESTRUCTURA: Existen
problemas institucionales por una deficiente gestión o por
falta de la misma. Los recursos son muy mínimos para las
necesidades del sector e igualmente el discurso
institucional se halla muy alejado de la realidad, pues,
mientras las administraciones muestran unos programas y
balances muy positivos, los artistas se quejan de la falta
de apoyo, abandono estatal, marginalidad, politiquería y
desconocimiento de su labor. No se cuenta con espacios aptos
para la Danza: faltan escenarios, salones adecuados para la
formación, infraestructura y logística para eventos.
LEGISLACIÓN – ORGANIZACIÓN: Escaso conocimiento de la
legislación cultural, falta de aplicación de la ley, falta
de apropiación de mecanismos de participación y
concertación. A pesar de existir los medios para estructurar
el sistema regional de cultura, aún no se ha aplicado
adecuadamente y se desconoce, aún, la función y el papel de
los consejos de cultura en la formulación de políticas y
programas, con poca o nula incidencia en la planeación y
distribución presupuestal.
FORMACIÓN – CREACIÓN: Estos son dos campos donde mayores
dificultades se presentan por cuanto no se cuenta con
Programas de Formación Profesional y Docente que permita
cualificar el trabajo de bailarines, coreógrafos, maestros y
demás actores de la danza. Las compañías que mantienen un
nivel de creación permanente y con altos niveles de calidad
en sus propuestas escénicas, lo han logrado gracias a su
propio esfuerzo, costeando los maestros que requieren según
sus propias búsquedas estéticas, sin generar procesos de
formación con impacto en la comunidad, fundamentalmente por
falta de apoyo estatal.
En comparación, y a pesar de las falencias que aún presenta
el sector de la danza en Bogotá en cuanto a su organización
y participación dentro del Sistema Distrital de Cultura, se
puede apreciar que hemos ganado mucho en la apropiación de
espacios de reconocimiento de nuestra labor, contando con un
Plan Distrital de Danza con líneas de acción muy claras y
programas que han contribuido al desarrollo del sector.
Apenas estamos comenzando y falta aún muchas necesidades que
atender en cuanto a formación, investigación, circulación,
pero en general el panorama es mucho más claro que en las
regiones.
PROPUESTA SOBRE FORMACIÓN EN DANZA
Frente a la urgente tarea de reconocer, sistematizar e
integrar criterios, necesidades, tendencias, objetivos y
perfiles para la Formación en Danza Folclórica Colombiana,
se hace necesario trabajar sobre los siguientes elementos:
1. Reconocer las propuestas pedagógicas y metodológicas de
Formación en Danza.
2. Definir las prioridades de profesionales a formar en el
Área de la Danza y garantizar espacios y mecanismos de
desempeño laboral y profesional.
3. Fomentar la Formación Superior y la Especialización en
Danza.
ESTRATEGIAS
1.- Elaborar inventarios-diagnósticos departamentales sobre
el estado de la Formación en Danza.
2.- Realizar un Encuentro Regional de socialización de
experiencias de Formación en Danza.
3.- Organizar el Sistema Regional de Formación en Danza,
avalado y acompañado por los Ministerios de Cultura y
Educación, con los siguientes componentes:
- Definición de cada uno de los niveles, géneros y modelos
formativos.
- Regulación de escalafón, competencias y categorías de los
formadores en danza.
- Creación de Programas permanentes de actualización y
profesionalización para los formadores en ejercicio.
XI.- BIBLIOGRAFÍA
ABADÍA MORALES, Guillermo. Compendio General del Folklore
Colombiano. Bogotá, Banco Popular, 1983.
BERMÚDEZ, Egberto, Historia de la música en Santa Fe de
Bogotá, 1538- 1938. Bogotá, Fundación de Música, 2000.
FLOREZ FORERO, Nubia Leonor. Una vida en la danza, Bogotá,
Colcutura, 1996.
MARTÍNEZ, Gilberto. La danza folclórica tradicional en
Bogotá, 1950-2003. Instituto Distrital de Cultura y Turismo,
Bogotá, 2005.
OCAMPO LÓPEZ, Javier. Las Fiestas y el Folclor en Colombia.
Ancora Editores, Bogotá, 1984.
Música y Folclor de Colombia. Plaza & Janés, Bogotá, 1976.
Colección Nueva Revista Colombiana de Folclor. Patronato
Colombiano de Artes y Ciencias. Bogotá, 1986.
Documentos de Políticas Culturales y Programación Artística.
Consejo Distrital de Danza de Bogota. Instituto Distrital de
Cultura y Turismo, Bogotá, 2005.
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CUBA
DANZAR; CON HERENCIA Y CONCIENCIA
Miguel Cabrera
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Queridos colegas:
Por cuarta vez la Asociación Zuliana para el Arte de la Danza,
AZUDANZA, bajo la certera y dinámica dirección de Marisol Ferrari,
nos convoca, reúne y hermana en la ciudad de Maracaibo, para
compartir esta histórica cita de Arte, Amistad y Reflexión que es ya
Danza Solidaria, Encuentro de los Países Bolivarianos y del Caribe.
Para los que hemos tenido el privilegio de participar de este evento
desde su fundación, cuatro años atrás, es de gran regocijo poder
comprobar que sigue fiel a su hermoso empeño de ser no sólo un
escenario donde podemos disfrutar valiosas muestras del quehacer
danzario, sino también un foro para conocer raíces y rutas, logros y
desaciertos, así como las principales problemáticas que enfrenta
esta manifestación artística en tan importante región del planeta.
Este año el Temario de Ponencias es nuevamente muy abarcador, pero
son los temas enmarcados en los puntos 1, 2 y 4, referidos a la
realidad y perspectivas de la danza en cada país, la preocupación
por conocer cómo esa expresión artística puede contribuir al proceso
de integración cultural de nuestros países latinoamericanos y
caribeños, y servir de eficaz instrumento para reafirmar la
independencia y de identidad cultural de los mismos, a los que la
delegación de Cuba desea referirse con mayor énfasis, dado que los
mismos han sido objeto de los análisis y debates más ricos en los
tres foros anteriores.
La primera conclusión a la que arribamos es que tenemos un pasado
común, y aunque existen rasgos peculiares que nos distinguen como
nación, es imposible desconocer, so pena de convertirnos en
servidores de turbios intereses divisionistas, que son mucho más los
factores que nos unen que aquellos que podrían separarnos. Más allá
de una suma mecánica de elementos étnicos que nos conformaron como
pueblos, sean estos hispánicos, lusitanos, ingleses, franceses,
africanos o aborígenes, las realidades históricas que hemos
enfrentado: Conquista sangrienta, Colonización despiadada y
Neocolonialismo no menos inhumano, podemos afirmar que las naciones
surgidas en esta región tuvieron como brújula común el sentido de la
libertad de destino, la defensa de sus valores más autóctonos frente
a influencias foráneas negativas y una vocación por la unidad y la
solidaridad que, lejos de opacarse ha crecido al paso de la
historia. Las luchas en defensa de esos principios, desde los
tiempos de los Padres Libertadores en el siglo XIX y los incesantes
batallares por lograr ordenamientos sociales, económicos y políticos
más justos en el siglo XX y en esta primera década del XXI, así lo
prueban.
La cultura ha sido un arma poderosa que han esgrimido nuestros
pueblos en esas luchas, y parte fundamental de esa cultura
latinoamericana y caribeña ha sido y es la danza, tal vez la más
íntima y completa manifestación del ser humano como individuo y como
parte de una colectividad. Así ha sido desde las danzas rituales de
nuestros primitivos habitantes hasta las elaboraciones más
sofisticadas de la escena contemporánea, en las cuales nada humano
les ha sido ajeno a sus creadores desde la explotación económica de
hombres y naciones, la incomunicación y las diversas complejidades
de la psicología humana, la injusticia social, los horrores de la
guerra, el terrorismo o la pandemia del SIDA, por sólo citar los que
más concitan la atención en nuestros días.
Como reclama el punto 4 de la Agenda de este Foro, la danza en esta
zona del planeta ha sido un eficaz instrumento para reafirmar
nuestras raíces y nuestros perfiles como pueblos independientes. Así
lo prueba la preservación de ese rico legado de la danza popular y
folclórica, que ha resistido siglos enteros de agresiones, y
menosprecio. Cuba es un ejemplo típico de la brutalidad de la
conquista y colonización, que no sólo exterminó nuestras etnias
originarias sino que con ello nos privó de casi la totalidad de sus
expresiones culturales. No pretendo ocultar, sino todo lo contrario,
expresar con valentía, la tristeza y las grandes meditaciones que me
han provocado los encuentros que la vida me ha permitido sostener,
durante varias décadas con expresiones de tanta riqueza como las
danzas y otras expresiones culturales de nuestros pueblos desde
México al Cono Sur, o las de la Cuenca del Caribe, que pudieron
conservar sus raíces más primigenias. No voy a ahondar aquí tampoco
sobre el desarrollo de la danza en Cuba, porque ya lo he hecho en
otros encuentros, pero sí quiero reafirmar que a pesar de ese
despojo inicial, nuestro pueblo, fruto del “ajiaco” de etnias como
lo llamara nuestro sabio Don Fernando Ortiz, logró crear al paso de
siglos un escudo fuerte con su música y su danza, que lo protegió de
las intenciones hegemónicas de Europa primero y de los Estados
Unidos después y le ayudó a sobrevivir como nación, hasta la
alborada del 1ro. de enero de 1959, que cambió para siempre los
destinos de la nación.
Nadie aquí en este Foro, ni en ningún otro, está facultado para dar
recetas políticas, sociales o culturales, pero todos hemos tenido
las vivencias suficientes para saber que preservar la herencia
cultural es deber insoslayable y que luchar por el apoyo necesario
para mantenerla viva, fructífera y acorde a los tiempos que vivimos
no es consigna partidista o pasajera, sino reclamo de una ética que,
de ignorarse, nos convertiría en ciudadanos viles.
Latinoamérica y el Caribe hoy día se han ganado el respeto del mundo
por la riqueza que heredaron del pasado y por la otra que hemos
sabido crear frente a incomprensiones, desamparos y no pocas
agresiones. Reflexionemos y unámonos, para que el trabajo de ahora
pueda ser también un valioso legado al futuro.
Muchas Gracias.
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NICARAGUA
LOS DESAFÍOS DE LA
DANZA NICARAGÜENSE
Verónica Arana
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Desde el momento en que me di cuenta que vendría a
Maracaibo, después de 20 años, sentí una sensación súbita:
la vida nos lleva a reencontrarnos con el ayer impregnado de
huellas, las que de una u otra manera quedan selladas en el
cuerpo.
Es invaluable la labor que la maestra Marisol Ferrari ha
desarrollado en el mundo de la danza latinoamericana. En
Nicaragua, su voluntad de enseñar fue importante, sobre todo
cuando el movimiento danzario nacional venía labrando la
tierra con un ejército de jóvenes con sed de aprendizaje,
donde el tiempo no existía y el cansancio no lo conocía el
cuerpo.
La realidad que avizora los días son otros, días impuestos
por gobiernos anteriores en los que ni siquiera en su
vocabulario existían las palabras arte y cultura, pero los
artistas nicaragüenses continuaron con gallardía y coraje la
voluntad de seguir desarrollando el movimiento danzario
nacional, labrado en la sangre. Con mucho tesón, sudor y
lágrimas, aprendimos a sobrevivir y subsistir.
El movimiento danzario nacional está entregado al difícil
trabajo de tallar nuestro futuro artístico. Si bien es
cierto que el desarrollo es desigual, se necesita más
formación pedagógica, consolidar las escuelas nacionales de
arte en general; se necesita que los maestros puedan acceder
a más capacitaciones a fin de que trasmitamos a nuestras
generaciones de bailarines conocimientos y técnicas que
enriquezcan su formación como seres humanos pensantes y
útiles para la sociedad.
También, es necesaria la realización sistematizada e
ininterrumpida de Festivales Nacionales de Danza, para que
los alumnos de las escuelas nacionales de arte sometan sus
trabajos y conocimientos al ojo crítico y, a partir de allí,
aprendan a valorar, exigiéndose cada vez más en las
propuestas escénicas con perseverancia. Buen esfuerzo ha
sido el Festival de Jóvenes Coreógrafos en el área de
contemporáneo, el que se realiza con el esfuerzo personal de
dos bailarinas y coreógrafas. De esta forma los jóvenes en
formación tienen la oportunidad de poner en práctica sus
ideas y su forma de hacer danza, a fin de que nuestra danza
continúe siendo nuestra personalidad como país y nuestra
identidad cultural.
La Academia Nicaragüense de la Danza, que es una Asociación
de Artistas de la Danza, ha sido útil, también, como espacio
para el trabajo artístico. Ha sido importante como
enseñanza, promoción y proyección dancística. Ha impulsado
los Encuentros de Escuelas y Academias de Danza, que además
son el punto de convergencia de los artistas de la danza, ya
que es uno de los lugares donde las agrupaciones
profesionales proyectan sus trabajos al pueblo por ser
económicamente factible para la gran mayoría de las
compañías de danza, en comparación con lo que nos cuesta el
Teatro Nacional Rubén Darío, que lamentablemente siguieron
las orientaciones de los gobiernos anteriores al acatar que
primero es el dinero del alquiler y la cultura…ésa no
importa.
Asimismo, se han realizado XIII ediciones ininterrumpidas
del Festival Internacional de Danza Contemporánea, de manera
independiente, y sin vacilar ante las dificultades
económicas, participando agrupaciones de distintos países de
Latinoamérica y Europa, además de los grupos nacionales,
siendo esto importante para el gremio de artistas
profesionales de la danza contemporánea, quienes han
aprendido a desarrollar estrategias y alianzas con
agrupaciones internacionales, con el único objetivo de
mantener vivo el género.
En las Universidades hemos encontrado apoyo incondicional,
ése que hasta ahora nos continúa aportando más aprendizaje y
experiencia, permitiendo hacer más y mejores cosas, tanto
así que el movimiento artístico universitario se ha
convertido en una importante expresión de la actividad
artística nacional. Esos festivales inter universitarios que
cada año se llevan a cabo, son más exigentes en calidad,
impulsando la Investigación, la creación, la integración
interdisciplinaria, la ciencia y tecnología.
Los espacios universitarios han sido y son unificadores del
movimiento danzario. Muchos profesionales de la danza apoyan
el movimiento de aficionados en las Universidades. El
movimiento dancístico universitario ha integrado a los
profesionales como directores de grupos, coreógrafos y
asesores, estimulando a los coreógrafos y maestros a
investigar acerca de nuestra cultura nacional. Hoy este
movimiento universitario aporta al repertorio danzario
nacional desde su particular perspectiva y tiene excelentes
perspectivas.
Estos 16 años ininterrumpidos haciendo danza dentro de las
universidades han dado frutos. Se desarrollan muchos
proyectos, como por ejemplo la Licenciatura en Danza que
tiene la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, Núcleo
de Managua, el Grupo Juvenil Universitario de Danza
Contemporánea, gracias al apoyo de las autoridades
universitarias.
Pero, esto no hubiese sido jamás posible si dentro no
existiese la Compañía Danza Contemporánea Universitaria,
proyecto fundado en 1991 por la bailarina profesional
Verónica Arana, quien abrió un espacio para el desarrollo de
todos los artistas profesionales de la danza contemporánea
que en ese momento coyuntural vivían los primeros temporales
de desprecio y desinterés del gobierno entrante.
Nicaragua, ahora que el Gobierno es el Frente Sandinista,
mismo que apoyó con voluntad política y recursos económicos
y de todo tipo la formación, promoción y establecimiento de
las escuelas de arte, de los centros de cultura, ya tiene en
su plan de gobierno políticas culturales que vendrán a
levantar lo que se ha quedado paralizado esperando mejores
momentos. Es desde ya importante involucrarnos los que de
una u otra forma somos de generación de artistas de la danza
que fuimos formados en la década de los años ochenta, a fin
de que podamos aportar con nuestra experiencia a las
instituciones que tienen la tarea de fomentar el desarrollo
de la cultura nacional y en particular, el arte.
En esta nueva etapa, es de especial interés del nuevo
gobierno sandinista impulsar la organización y las
expresiones culturales y artísticas desde la base social en
las que tienen sus raíces. De tal manera, los programas se
desarrollarán en estrecha coordinación con las
municipalidades, estableciendo un vínculo con el desarrollo
económico y social en todo el país.
A estas alturas considero muy importante dignificar la
danza, proponiendo espacios reflexivos culturales para que
la ciencia tome en cuenta los beneficios que la misma tiene
sobre el ser humano. De manera conjunta debemos organizar un
encuentro latinoamericano donde podamos realizar un Coloquio
Internacional de Danza y desde este espacio sentar las bases
sobre nuestro papel en las sociedades, las economías y la
salud.
Como artistas de la danza, que permanentemente
intercambiamos los logros y aportes en el desarrollo del
movimiento, consideramos prudente y actual analizar la
posibilidad de aportar científicamente al campo de la salud.
La danza es medicina física y síquica, y debería instituirse
de manera permanente en centros escolares de enseñanza
primaria, a fin de que niños y adolescentes puedan acceder
al arte, y si gustan de la danza de manera académica,
adelante. Así iremos cumpliendo tres objetivos a la vez:
Psicocorrectivo Social, Artístico y Educativo.
Debemos continuar aportando a la sociedad todo lo que la
danza nos ha regalado en nuestras vidas, no sólo en el
ámbito académico sino también en el social humanístico y
decirle a los gobiernos que están obligados a seguir
apoyando a la cultura, tal vez así los artistas de la danza
nicaragüense veamos que no nos equivocamos en seguir
adelante con este desafío.
En nombre del movimiento de danza de Nicaragua, del
movimiento universitario de danza, del Gobierno y del Pueblo
de Nicaragua, agradezco a la Maestra Marisol Ferrari por la
invitación con la que nos honró. Estoy segura que nuestra
participación junto a la de los demás países representados
en Danza Solidaria IV Encuentro de los Países Bolivarianos y
del Caribe ha hecho ya, una contribución al encuentro de los
artistas participantes, a la unidad del movimiento danzario
latinoamericano y caribeño y, por ende, a la unidad de
Nuestra América. …..Muchas gracias.
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PERÚ
LA ESCUELA NACIONAL SUPERIOR DE
FOLKLORE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS
Y LOS DESAFÍOS QUE PLANTEA
LA MODERNIDAD EN PERÚ
Victoria Armas Franco
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Nos reúne este IV Encuentro de Países Bolivarianos y del
Caribe, siguiendo la ruta que hace mas de medio siglo nos
trazaran aquellos que ya entonces consideraban el valor de
nuestras manifestaciones tradicionales para vincular a los
pueblos. La primera semana del folclor americano se realizó
en Chile en 1954, congregando a latinoamericanos que tomaron
los siguientes acuerdos con relación al folclor: evitar su
distorsión, fomentar su estudio, registrar su dinámica,
acuerdos que pese al tiempo transcurrido están vigentes.
¿Qué nuevos aportes nos llevaremos ahora? Con seguridad, el
confrontar nuestras realidades nos permitirá seguir haciendo
camino.
La Escuela Nacional Superior de Folklore José María Arguedas
(E.N.S.F JMA) es la única institución estatal que forma
profesores y artistas de la música y la danza popular
tradicional en el Perú, país multilingüe y pluricultural, lo
que podría hacer comprender lo difícil de la tarea.
Responder a este reto plantea grandes dificultades; más,
desde que inició su labor nuestra institución, hace 57 años.
No existía unidad de criterios respecto a enseñar folclor en
una escuela, en “academizar” su transmisión. Lo que permitió
dar el reconocimiento oficial a este proyecto fue la
respuesta a gestiones reiteradas de quien fue su inicial
gestora Doña ROSA ELVIRA FIGUEROA, quien se planteó
profesionalizar la danza y capacitar en folclor a profesores
en servicio.
Lima, que para entonces mostraba total indiferencia hacia
las manifestaciones del interior del país, venía recibiendo
desde la década del 20 distintas olas migratorias que la
convertirían en lo que es en la actualidad, una ciudad de 7
millones de habitantes donde la mayoría es migrante;
llegaron a la capital porque no encontraron oportunidades de
desarrollo en su lugar de origen o buscando nuevas
oportunidades, se trasladaron, llegaron del campo a la
ciudad, desde el distrito provinciano a la Lima centralista
y prejuiciosa que miró al andino con desdén, resistiéndose a
aceptar su presencia, no reconociendo los valores de las
manifestaciones artísticas provenientes, en especial del
Ande, de las zonas altas. Surgieron diversos espacios en
Lima, donde se mostraron las danzas de la población migrante
y que se fue multiplicando conjuntamente al aumento de la
población que se fue trasladando a lo largo de todo el siglo
XX. Un ejemplo de estos espacios fue la celebración de la
fiesta de San Juan en una zona denominada Pampa de Amancaes,
de la cual se tiene noticias desde 1582, teniendo como
origen la “aparición de una imagen divina”.
La incursión de estas manifestaciones del Ande en la
capital, responde a dos niveles: El traslado de la población
conjuntamente a su cultura y algunas políticas culturales
oficiales, que implementa, como una de sus metodologías de
promoción, los concursos que convocaban a los representantes
de las regiones del país en un contexto “criollo limeño” en
el que la población capitalina se sentía mas cercana a
Europa que al interior. A partir de estos hechos, la Fiesta
de Amancaes cobra una efervescencia de grupos y compañías,
artistas, solistas y personal vinculado a la difusión de la
música y la danza andina entre los años 1925 y 1952.
El Folclor en su espacio natural
Hemos caracterizado a nuestro país como pluricultural y
multilingüe, lo que nos otorga una enorme riqueza, pero a la
vez nos presenta grandes dificultades para la integración.
La necesidad de un diálogo intercultural y el respeto a la
diversidad son prioridades para la educación de nuestro
pueblo y son reconocidas como nuestras tareas fundamentales.
Qué mejor manera de reconocer esa diversidad, que acercarse
al hecho folclórico! vigente con gran vigor en el ámbito
rural y que mantiene, en muchas de sus manifestaciones,
elementos de origen prehispánico, y en otros, colonial y
republicano.
En todo el territorio del Perú la fiesta es multitudinaria,
en especial en los pueblos del Ande y se celebran con
diversos motivos: En honor a una identidad religiosa (Santo,
Señor, Virgen…), en otros casos relacionados al calendario
productivo (limpieza de acequias, construcciones comunales,
marcación de animales), actividades familiares (construcción
de casas) y a celebraciones cívicas (cambio de autoridades,
aniversario de creación política); festividades de
participación masiva a nivel vecinal y comunal. Los
contenidos se remontan, como ya lo hemos expresado, a épocas
y culturas ancestrales prehispánicas como a la época y
cultura colonial, en la mayoría de los casos manifestándose
de forma sincrética.
La representación del hecho folclórico
En el siglo XX se dan tres oleadas migratorias
significativas: La primera las décadas 20 y 30, la segunda
en las décadas 40 y 50, la tercera en la década del 80.
En la oleada del 20 y 30, Lima recibe a la población del
interior que busca oportunidades de sobrevivencia o
superación, tanto de condición popular, que en su búsqueda
de establecerse en esta ciudad va expresando también su
cultura a través de la música y la danza, así como de
provincianos intelectuales sensibilizados por su contacto
con los campesinos, sus manifestaciones culturales, la
historia y el arte popular de sus lugares de origen, además
conocedores de otras realidades de países latinoamericanos
frente a su folclor (Ejemplo: Argentina). Ellos constituyen
parte del movimiento denominado “indigenista”, que busca
hacer visible estas manifestaciones en la capital peruana,
expresándose en dos enfoques:
1.- Encaminarán la enseñanza del folclor en academias
particulares de la capital, orientada a una población joven
de clase media, como una forma de valoración de la cultura
tradicional. Tuvieron como finalidad fundamental hacerla
conocer exponiéndola en escenarios, a partir de la formación
de agrupaciones artísticas. Posteriormente el contexto
social les encaminará a la formalización de centros de
estudio superior reconocidos por el Estado y con calidad de
profesionalización, especialmente docente.
2.- La de estudio, investigación, conservación, preservación
y protección de estas manifestaciones. Promoviendo la
continuidad de la práctica de las expresiones en manos de
los cultores originarios, complementando con una
“capacitación” para asumir concientemente su rol de
preservar la cultura originaria a la que pertenecía. Esta
propuesta busca desarrollar la cultura tradicional desde su
ubicación en organismos públicos.
En la década del 40, la segunda ola migratoria masiva
provinciana expulsada del campo a la ciudad por factores
económico-sociales, se traslada con su cultura, ocasionando
una explosión demográfica en Lima que se manifiesta en una
“invasión cultural y artística y que ocupa espacios abiertos
como estadios, canchones y, posteriormente, coliseos. A esta
etapa el Dr. JOSÉ MARÍA ARGUEDAS la calificó como “edad de
oro“ (del folclor) en Lima.
Hasta aproximadamente la década del 70, y en especial
durante ésta, que corresponde al gobierno militar del
general Juan Velasco Alvarado, estas manifestaciones fueron
asimiladas y asumidas en un programa de valorización y hasta
de administración de parte de los funcionarios del Estado
que, con la intención de proteger y preservar la cultura
nacional, establecen una política de promoción y desarrollo,
elaborando normas y procedimientos como la calificación,
control y capacitación del cultor. En diversos momentos, de
acuerdo a la política cultural de los gobiernos posteriores
recién acceden a los teatros de la ciudad, que hasta
entonces sólo eran espacios para espectáculos de arte y
cultura occidental, urbana, académica.
Un tercer proceso migratorio se da en la década del 80, como
consecuencia del movimiento subversivo que tiene como
resultado la salida de gran numero de campesinos que
abandona, especialmente la zona sur del país, agudizando el
cambio de carácter de la ciudad de Lima , de señorial y
elitista a una ciudad diversa y compleja.
Toda la política de promoción del folclor que en diversa
medida se establece entre las décadas del 40 al 70,
manifestadas por gobiernos e intelectuales en su intención
de valorar, proteger, preservar y estudiar el folclor
nacional a través de instancias administrativas como el
Ministerio de Educación y el Instituto Nacional de Cultura,
estableciendo mecanismos ya citados, tales como la
calificación, carnetización, y control , programando la
creación de espacios ubicados en el centro de la ciudad, con
acceso a todos los públicos, cambia de rumbo a partir de los
80 con la expansión del mercado, la masificación de la
población migrante y los cambios de los gobiernos a
políticas del libre mercado, abriéndose la producción
artística originaria a actividades empresariales que
responden a las demandas de estos tiempos y a la práctica de
expresiones con contenidos dancísticos y musicales de
características híbridas.
En la actualidad estas manifestaciones se dan masivamente en
espacios abiertos, ubicados en zonas populares y
periféricas, administrados principalmente por empresarios o
promovidas por organizaciones de migrantes (asociaciones
provinciales, departamentales , multiplicadas masivamente,
que buscan contar con un espacio propio donde reproducir sus
festividades, sus prácticas religiosas y tradicionales, y
muchas veces en búsqueda de recaudar fondos para resolver
problemas de sus lugares de origen).
La Escuela Nacional de Folklore
José María Arguedas
En este contexto, nuestra escuela es producto del proceso de
estas dos vertientes: la que se encamina a la docencia y la
otra, a investigación, preservación de la tradición,
habiendo vivido a lo largo de su existencia medidas y formas
de organización que han inclinado su quehacer en uno u otro
sentido. Las dos vertientes contenían por su parte formas de
difusión, que nuestra escuela asume como una de sus líneas
de acción y parte de su estructura.
La escuela a partir de su quehacer se define como un centro
de formación pedagógica y artística, de investigación y
difusión del folclor nacional. Para tales fines, contiene
una estructura compuesta por tres órganos de línea
correspondientes a dichos campos: Direcciones: Académica, de
investigación, Difusión y una Dirección de administración
como instancia de apoyo.
Es la única Escuela en el país perteneciente al Ministerio
de Educación, que forma profesionales en este campo y que
otorga títulos a nombre de la nación.
Nuestros estudiantes provienen en su gran mayoría de
sectores populares, jóvenes de origen o padres provincianos
y les brindamos el espacio de realización de su vocación
tanto en música como en danza popular tradicional.
Existen dos programas: Educación Artística y Artista
Profesional. Las carreras se dan a lo largo de 5 años,
organizados en 10 ciclos (semestrales).
En las etapas iniciales (1949) la carrera se planteaba en
tres años, se obtenía un documento (diploma) otorgado por el
Ministerio de Educación que lo facultaba para la docencia.
A partir de 1989 la Escuela organiza un primer plan
curricular de nivel superior (no universitario) con una
formación a lo largo de 5 años, siendo el primer año
dedicado a la formación general y los cuatro restantes a las
dos menciones : Danza y Música. Los planes curriculares
posteriores: 1993, 2002 y 2007 separan las dos menciones
desde el primer año , siendo las novedades en los planes a
partir del 2002 los cursos de práctica profesional e
investigación a partir del III ciclo, hasta finalizada la
carrera.
Comparando los planes del 2002 y del 2007, encontramos
respecto a la danza que, mientras que en el actual plan la
especialidad tiene un peso mayor, no descuida la formación
pedagógica. La anterior, ponía énfasis además de la
especialidad y pedagógica, en la formación humanística.
El Programa de Educación Artística se ha implementado desde
este año, sus antecedentes se dan en 1949 en la inicial
Escuela de Música y Danzas Peruanas donde encontramos que se
preparaba ejecutantes de las danzas tradicionales en un año.
Posteriormente, en 1989, se aprueba un plan que no llega a
desarrollarse. En la actualidad la carrera, de 5 años, busca
la formación de intérpretes con una sólida preparación en la
especialidad, con conocimientos de la teoría que completan
su formación práctica, con capacidad de resolver los retos
de la carrera en espacios nacionales e internacionales.
Estos son algunos de los desafíos que debemos esforzarnos
por vencer y que conllevan una constante reflexión de
nuestro accionar. Debemos ir a la búsqueda permanente de las
fuentes que muestran dinámicas que se revitalizan de manera
espontánea, con gran creatividad, fuerza y sentido profundo.
No debemos perder de vista este objetivo, es la única
garantía de sobrevivencia de una escuela como la nuestra.
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PUERTO RICO
LA DANZA CONTEMPORÁNEA Y
EXPERIMENTAL EN PUERTO RICO
Jeús Miranda
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La danza contemporánea y experimental en Puerto Rico a duras
penas ha formado su lugar en el mapa cultural del país. Por
ser una disciplina casi virgen y, por ende, carente de
trayectorias históricas y académicas proveedoras de “infra”
y “supra” estructuras, ha existido simplemente haciendo e
insistiendo. Como nuestra peculiar historia de existir se
refleja en la manera en que nos movemos, la gestualidad que
adoptamos y la forma en la cual nos exteriorizamos, cosa que
la danza contemporánea y experimental resalta y usa como
material esencial en la composición y construcción de la
coreografía. Los vocabularios visuales, corporales y sonoros
que nos representan son vastos y complejos y no caen en la
definición absoluta. Somos nosotros mismos los que decidimos
cómo lo vamos a expresar y manifestar.
En nuestro país el rol rebelde de abrir campo le ha tocado
al experimentalismo con sus nuevas tendencias y propuestas
estéticas, su empeño por obligarnos a redefinir el concepto
de lo que es baile y su nueva manera de componer, de moldear
el movimiento, de usar el cuerpo, de concebir el espacio
escénico. Representa la innovación, refrescante, original,
llena de posibilidades. Es por tanto una manifestación que
no puede ignorarse ni descartarse ya que va teniendo un
impacto en los repertorios de las principales compañías. Ha
ido desarrollando un público diferente al del ballet que
cada día crece más. Los temas de política sexual así como
aquellos relacionados a la realidad política, social y
cultural del país han estado presente en estos trabajos. En
términos de la composición, el uso de la improvisación ha
sido un elemento importante en la construcción de los
trabajos coreográficos.
El ímpetu ha sido querer danzar incorporando el uso de
elementos que propiamente no han pertenecido a la danza y a
la vez indagar en vocabularios corporales que no estén
predispuestos a una estética o estilo; dándose así el
permiso a ser en el espacio o escenario muestra de lo que
somos, producto de este momento histórico, político y de
vida diaria.
De ahí en adelante germina una comunidad de artistas
independientes de danza que aun no es numerosa pero sí es
insistente y ha logrado voz en el clima actual del arte
contemporáneo del país. A su vez está logrando que Puerto
Rico marque presente en el panorama del baile contemporáneo
de los países de habla hispana. Con la práctica se han
convertido en productores de sus propios eventos, van
creando una audiencia única cada vez mayor, se comparte y
colabora con experimentalistas de otros medios. Para
mencionar algunos de ellos Petra Bravo, Viveca Vázquez,
Awilda Sterling, Teresa Hernández, Karen Lánguevi, Javier
Cardona, Eduardo Alegría y la Compañía de Danza
Contemporánea Puertorriqueña Andanza dirigida por Lolita
Villanua.
Aprovecho para mencionar algunas de las características y
objetivos que se destacan en este estilo de danza: el uso y
conciencia del espacio, estimular el análisis intelectual,
el uso del movimiento cotidiano, uso del movimiento
abstracto, densidad de mensajes y búsqueda permanente y
extravagante por lo diferente y lo nuevo.
Poco a poco los bailarines puertorriqueños van interesándose
más en conocer mejor las muchas vertientes que ofrece la
danza en este momento. La danza experimental ha venido a
emplazar la visión complacida y auto satisfecha de las
expresiones clásicas, a la vez que ha retado y flexibilizado
los parámetros del baile. Se ha instalado desafiante y
generosa en el panorama artístico contemporáneo para
estimularnos a cuestionar todos los supuestos inmutables. Se
solidariza con la inmediatez, en el puro presente, se nutre
de la precariedad y del fragmento y nos devuelve entre otras
muchas cosas una nueva manera de vernos y ser.
Bibliografía:
1. II Congreso Latinoamericano de Danza Contemporánea.
Caracas, Venezuela.
Viveca Vázquez, Puerto Rico, 1992.
2. II Congreso Latinoamericano de Danza Contemporánea.
Caracas, Venezuela.
Gloria Llompart, Puerto Rico, 1992.
3. I Congreso Latinoamericano de Danza Contemporánea.
Caracas, Venezuela.
Susan Homar, Puerto Rico, 1990.
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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
1948 INICIÓ LA MODERNIDAD
EN LA DANZA VENEZOLANA
Carlos Paolillo
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1948 resulta un año clave en el devenir político y social de
Venezuela. La danza escénica nacional vivió también ese año
tres sucesos que determinarían su rumbo y marcarían su
sentido de identidad: la realización de la Fiesta de la
Tradición, iniciativa del poeta Juan Liscano, con motivo de
la toma de posesión del novelista Rómulo Gallegos como
Presidente de la República; la creación de la Escuela
Nacional de Ballet por parte de Nena Coronil; y la llegada
del bailarín mexicano Grishka Holguín y con él la danza
contemporánea al país.
La transición política que experimentó Venezuela durante los
años 40 del siglo XX, luego de la dictadura gomecista,
representada en las gestiones gubernamentales de los
generales Eleazar López Conteras e Isaías Medina Angarita,
trajo al país experiencias inéditas en lo económico,
educativo y cultural, que colocaron al país en la ruta de la
modernidad.
Esta década resultó significativa dentro de la historia de
la danza venezolana. Importantes creadores y compañías
internacionales llegaron al país, la mayoría evadiendo el
conflicto bélico mundial, dejando huella en lo artístico y
en lo formativo: los Ballets de Kürt Jooss, el Ballet Ruso
del Coronel de Basil, Alicia Markova y Anton Dolin, las
Estrellas de la Ópera de París, el Ballet Alicia Alonso y la
bailadora Carmen Amaya, entre muchos otros.
En 1945 se dio inicio a un proyecto pedagógico inusitado: la
Cátedra de Ballet del Liceo Andrés Bello, a cargo de los
maestros argentinos Hery y Luz Thompson, ex bailarines del
Ballet del Coronel de Basil, que reunió a un numeroso grupo
de estudiantes alrededor de la disciplina de la danza
clásica y que en una segunda etapa de actividades estuvo a
cargo de los bailarines irlandeses David y Eva Gray,
igualmente procedentes del elenco del Coronel de Basil.
Vicente Nebreda, Irma Contreras, Sonia Sanoja y Graciela
Henríquez, entre otros, destacan como los alumnos de este
proyecto que accedieron al ámbito profesional de la danza y
que daría paso a otro denominado Club del Ballet, de similar
carácter, también en manos de los Thompson.
En febrero de 1948, con motivo de la toma de posesión del
Presidente Constitucional Rómulo Gallegos, primer mandatario
electo mediante comicios universales, directos y secretos,
en los que participó toda la población mayor de edad,
llevados a cabo el 14 de diciembre del año anterior, se
realizó en Caracas el evento denominado Fiesta de la
Tradición, organizado por el poeta Juan Liscano desde el
Servicio de Investigaciones Folklóricas Nacionales
dependiente de la Dirección de Cultura del Ministerio de
Educación, evento sin precedentes que se convertiría en
hito, reuniendo en el Nuevo Circo de Caracas a cultores
populares de todas partes del país.
Venezuela estrenaba un nuevo sistema político y Caracas,
ciudad de 400 mil habitantes, se disponía a ser testigo de
la ceremonia de asunción por primera vez de un Presidente de
la República electo por el voto popular. Un elevado espíritu
nacionalista se vivía, en parte como consecuencia de una
ardua y debatida campaña electoral. Dentro de ese ambiente,
la Fiesta de la Tradición, buscaba celebrar dentro de la
mayor de las exaltaciones este acontecimiento. De 17 al 21
de febrero de 1948 tuvo lugar la presentación del
espectáculo “Cantos y danzas de Venezuela”, que reunió a
unos diez mil asistentes por noche.
Al día siguiente del estreno, el diario caraqueño El
Nacional publicaba: “Esos veneros de arte popular,
prácticamente inexplorados, que hizo brotar el Festival
Folklórico, tienen más valor que los del petróleo”. 1
Para Juan Liscano “el festival cumplió con una enaltecedora
misión de acercamiento venezolano y de unificación del
sentir nacional”. 2
A su vez, la antropóloga Ocarina Castillo en su ensayo
Visiones de lo popular. La Venezuela de 1948, señala que
esas jornadas del Nuevo Circo “permitieron a los venezolanos
comulgar con sus saberes, ritmos y cadencias, nutrirse de lo
que cada lugar del país le ofrecía de inédito y específico y
encontrarse con las múltiples caras de la nacionalidad”. 3
Ese mismo año de 1948 se crea la Escuela Nacional de Ballet
por iniciativa de María Enriqueta “Nena” Coronil, discípula
de los maestros pioneros Gally de Mamay, Dmitri y Steffy
Stahl, institución educativa que daría inicio al proceso de
profesionalización de la danza clásica en Venezuela.
El apoyo brindado por el presidente Rómulo Gallegos resultó
fundamental en la concreción del proyecto de Coronil. El mes
de octubre abrió sus puertas la escuela, cuyos maestros
iniciales fueron el estadounidense Bill Lundy y la yugoslava
Irina Yovanovich. Al acto de apertura de la Escuela Nacional
de Ballet asistieron Alicia Alonso y Fernando Alonso, junto
a bailarines integrantes de su compañía, que se disponía a
debutar en el Teatro Municipal de Caracas. Ellos fueron
testigos del derrocamiento del presidente Gallegos, apenas
nueve meses después de su toma de posesión.
Entre otros maestros internacionales relacionados con los
primeros tiempos de la Escuela Nacional de Ballet,
destacaron la bailarina rusa Lila Nikolska y el checoslovaco
Miro Shemelensky (Miro Anton), procedentes del Ballet de la
Opera de Praga; el inglés Henry Danton, del Sadler´s Wells
Royal Ballet de Londres; Lynne Golding, del Ballet de
Australia; Tatiana Grandseva y Michael Land, del Ballet Ruso
de Montecarlo; Leonide Katchurovsky, del Teatro de la Moneda
de Bruselas y José Parés, del Ballet Alicia Alonso.
La caída de Rómulo Gallegos representó la pérdida de apoyo
oficial para la Escuela Nacional de Ballet, iniciándose una
nueva etapa en la que el sostén principal de la institución
estuvo representado por el impulso exclusivo de Nena Coronil.
También el final de los años 40 traería los nombres de las
bailarinas rusas María Tuliakova perteneciente, según se
asegura, a la compañía de Anna Pavlova, quien actuó en el
Teatro Municipal de Valencia (estado Carabobo) y dictó
clases por corto tiempo a un numeroso alumnado, y de Nina
Nikanorova, quien se residenciaría definitivamente en este
región para realizar una larga y destacable actividad
educativa en el ámbito público como maestra de danza
clásica, creando en 1948 la Escuela de Ballet de la
Gobernación del Estado Carabobo.
Del mismo modo, destaca Taormina Guevara, considerada dentro
de las primeras bailarinas venezolanas en viajar al
exterior, concretamente a Nueva York, para realizar estudios
especializados de ballet y quien llevaría a cabo una
dilatada labor docente en Barquisimeto (estado Lara), a
través de la Escuela de Ballet Taormina Guevara, fundada en
1949, que llegaría a tener una sede especialmente diseñada
por el reconocido arquitecto Fruto Vivas, desarrollándose en
su seno el Ballet Barquisimetano. Poco tiempo después,
llegaría a Maracaibo (estado Zulia), la bailarina ucraniana
Irene Levandovsky, quien propiciaría el desarrollo de la
danza artística en esa región.
1948 recibió igualmente las primeras informaciones sobre la
danza moderna de la mano del bailarín mexicano Grishka
Holguin (Alberto Holguín de la Plaza), precursor fundamental
de esta expresión de la danza en Venezuela.
Iniciado dentro de la danza en Los Ángeles, Estados Unidos,
junto al bailarín Lester Horton y partícipe por algún tiempo
en el movimiento precursor de la danza moderna mexicana como
integrante del Ballet Waldeen, Holguin formó a partir de su
llegada a las primeras generaciones de artistas de la danza
contemporánea del medio venezolano, a través del Curso de
Capacitación Teatral del Ministerio de Educación, siendo
titular de este despacho el maestro Luis Beltrán Prieto
Figueroa; el Teatro de la Danza y la Escuela Venezolana de
Danza Contemporánea. Amplia fue la obra coreográfica de
Holguin y su aportación a la educación de la danza en el
ámbito universitario.
Hace 60 años, la danza escénica venezolana, en sus
expresiones tradicional, clásica y contemporánea, comenzó a
trazarse un rumbo de autenticidad e identidad.
Citas bibliográficas
1. Hernández, Tulio, “Las lecciones circulares” en La fiesta
de la tradición, Caracas, 1998, p.36.
2. Liscano, Juan. “Significación y alcance de lo popular” en
La fiesta de la tradición, Fundef, Caracas, 1998, p.109.
3. Castillo, Ocarina, “Visiones de lo popular. La Venezuela
de 1948” en La fiesta de tradición. Fundef, Caracas, 1998,
p.23.
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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
SOBRE LA ENSEÑANZA DE LA DANZA
Franklin Áñez
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Los procesos educativos en el campo de la danza siempre
resultan fascinantes por su alto contenido de espontaneidad
en la presentación de situaciones; son fenómenos altamente
complejos al que los docentes en danza (de cualquier género)
estamos expuestos y que debemos saber manejar para obtener
resultados efectivos en nuestros bailarines.
Como docente, sabemos que la danza representa un compromiso
con nuestro pueblo, que es imposible divorciarnos de nuestra
historia y que ésta es reflejada en el proceso de enseñanza
que transmitimos a nuestros alumnos, como un mágico cordón
que nos une a nuestros semejantes.
Y es que la danza es un proyecto de vida con principios
éticos que el docente debe transmitir en su proceso de
interacción con el quehacer diario del educando; es decir,
el docente debe proporcionar al alumno una serie de
herramientas técnicas y de destrezas para bailar, pero igual
debe cuidadosamente proporcionar valores relacionados con el
respeto a la profesión, el sentido de responsabilidad social
del artista, el compromiso con su pueblo, la preocupación
por los valores estéticos del cuerpo como instrumento de
trabajo y la valorización del público como principal
consumidor de su producto.
Pongo esta reflexión basándome en mi propia experiencia a lo
largo de 27 años de trabajo en las aulas porque he visto
artistas maravillosos que “bailan como nadie” en el
escenario, pero que fuera de ellos dejan de ser seres
especiales para convertirse en detractores de su propio
templo, sin respeto por su principal instrumento de trabajo
-su cuerpo-, sin respeto por el trabajo y el esfuerzo de
otros artistas, sin sensibilidad social ni comunitaria, sin
sentido de cooperación e interacción biopsicosocial, y sin
la visión de tiempo y espacio para entender que en esta
carrera tan corta en el tiempo, el espacio que le dediquemos
dentro y fuera del aula es determinante para garantizar el
verdadero éxito.
De gran incertidumbre nos llenan los procesos educativos
para la danza por tener que competir con la formación social
que los alumnos adquieren en sus hogares; cosa que hace
comprensible lo fortuito de las relaciones educativas en la
que se cruzan sin permiso alguno, clases e intensidades en
la relación del maestro con sus alumnos, es por ello que
debemos mantenernos en permanente actitud reflexiva frente
al problema ético del artista de la danza, porque la
formación integral de nuestros bailarines garantizará
generaciones dignas para el desarrollo de la danza en
Latinoamérica; debemos atender a nuestros alumnos como
individualidades que aporten el 100% de su potencial en el
ejercicio de esta profesión; como personas con realidades
distintas que necesitan una atención distinta, aunque en
clase se proporcionen las mismas herramientas o contenidos
para todos por igual.
No nos jactemos de afirmar que tenemos dominio de la
especialidad que enseñamos, sabiendo que hay características
que complementan nuestra excelencia: la fortaleza en los
valores, el liderazgo, la capacidad para integrar y
coordinar, la capacidad para regular los procesos educativos
(correctivos, amonestaciones, valoración de las cosas bien
hechas, etc.), y una actitud ejemplar que permita al alumno,
al bailarín, ver en la danza una carrera digna, con respeto
y admiración.
Si nuestros alumnos vieran en la danza el reflejo de lo que
esto significa para nosotros, los docentes seremos espejo
del concepto que los bailarines tengan sobre esta profesión,
siempre y cuando nuestras palabras se complementen con
nuestras acciones.
El docente debe prepararse para asumir este reto no sólo
desde el punto de visto técnico, sino también desde una
visión de integración estructural y humana, tal y como es
planteado en el modelo holístico de gerencia académica para
que los procesos sociales y los planes de desarrollo
integral puedan arrojar los mejores resultados.
Mi humilde consideración es que nos nutramos de la
experiencia académica y nos involucremos en el proceso
vivencial cotidiano de nuestros bailarines, con una actitud
ética y alegre frente al cultivo del cuerpo y la fundamental
función social del artista de la danza.
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REPÚBLICA DOMINICANA
RESEÑA DEL BALLET NACIONAL DOMINICANO
Monika Despradel
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El Ballet Nacional Dominicano (BND) fue fundado en el 1981,
para así dar inicio a una nueva era de profesionalidad y
responsabilidad cultural ante el pueblo.
Antes de su creación existían en el país escuelas de baile
cuyas aulas albergaban bailarines capaces, deseosos y
dispuestos a enfrentar el reto de asumir la danza como una
profesión y estilo de vida, y hacerlo realidad, ante una
sociedad dominicana que desconocía, hasta entonces, esa
posibilidad de desarrollo humano que latía escondida y que
gritaba por dejar de ser potencial y volverse actual. La
materialización del BND sucede entonces cuando la voluntad
política del gobierno del Presidente Antonio Guzmán hace
comunión con el deseo de la colectividad dancística de la
época, conformada por maestros, bailarines y coreógrafos.
Demás está decir que la lucha librada fue titánica en los
esfuerzos para lograr la fusión entre las voluntades
artística y política. Dicha lucha fue tenazmente sostenida
por dos bravas maestras que en aquel entonces dirigían las
principales escuelas: Magda Corbett y Clara Elena Ramírez.
De ellas surgieron maestras como Miriam Bello e Irmgard
Despradel, todas ellas responsables de alimentar el elenco
que conformaría el BND en sus inicios y años por seguir.
Después de más de dos décadas de haber sido creado, el
Ballet Nacional Dominicano, sustentado actualmente por la
Secretaria de Cultura, puede contentarse con sus logros.
Nuestra compañía incluye en su repertorio ballets clásicos
tradicionales, creaciones neoclásicas y contemporáneas, así
como piezas sustentadas en nuestras tradiciones. Hemos
recibido en nuestro hogar artístico el influjo de grandes
maestros, coreógrafos y bailarines nacionales e
internacionales, entre ellos Tadeus Davis, Ana María
Stekelman, Antonio Gómez, Gloria Barrios, Sean Nelly, David
Keener, entre otros. De los nacionales podemos mencionar a
Eduardo Villanueva, Irmgard Despradel, Patricia Ascuasiati,
Guillermo Cordero, Víctor Ramírez, Marilí Gallardo,
Elizabeth Crooke, Juan Fidel Mieses, quien actualmente es
maestro de planta de la Compañía. El BND se ha presentado en
diferentes escenarios de países como México, Estados Unidos,
Panamá, Ecuador, Surinam, Colombia, España y, ahora por
primera vez, Venezuela.
Nuestra Tradición en la Danza Contemporánea
Elizabeth Crooke: Solista principal y Coreógrafa del BND.
La danza, en todas sus manifestaciones, es un reflejo de la
historia de la humanidad. La danza ha acompañado al hombre
desde sus albores y el hombre se hizo conciente de esto
desde la era primitiva. Comenzó con el instinto por la
supervivencia; luego, la observación lo lleva en búsqueda de
la estética. Ya en la antigüedad va en búsqueda de
conocimiento y perfección. Pueblos del mundo han danzado
expresando su forma de vida, su entorno, situación
geográfica o clima.
En nuestros países la danza contemporánea se ha difundido
por el flujo de artistas coreógrafos, extranjeros y
nacionales, que han hecho posible el intercambio y el
enriquecimiento de nuestra técnica, nuestra metodología,
nuestras creaciones. Introducir las tradiciones a la danza
moderna nos permite llegar de manera diferente a otros
horizontes, nos permite exportar nuestra identidad acorde al
gusto estético y nos abre un mayor campo de creación.
En la República Dominicana la cultura es una simbiosis rica
y dinámica de distintas influencias -indígena, negra,
española-, simbiosis que comienza a producirse a partir el
siglo XVIII y es ahí cuando empieza lo que llamamos la
Dominicanidad. Desde su fundación en 1981 el Ballet Clásico
Nacional ha destacado un amplio repertorio, clásico,
neo-clásico y contemporáneo. Sin embargo, en los últimos
años la línea de la compañía ha mantenido un repertorio
principalmente contemporáneo. Creemos en la importancia de
difundir nuestra cultura y tradiciones, creando ballets que
cuenten nuestras propias historias, mitos y leyendas, que
son las que caracterizan la identidad de un pueblo. Uno de
los mejores ejemplos de la influencia de nuestras
tradiciones, es nuestro ballet La Leyenda de Mande, que
forma parte de lo que presentaremos aquí en este festival.
Se creó en el 1984 por la destacada coreógrafa Patricia
Ascuasiati, llevando ya la interpretación de 4 generaciones.
Es un ballet completo que fusiona las tradiciones
pueblerinas del sur de la isla con sus cantos, música, forma
de vestir, etc. Se trata de una leyenda basada en una
historia real de mediados del siglo XVIII, que cuenta sobre
una historia de amor tronchada por intereses políticos.
Mande muere y su espíritu de bailador se encarna en la mujer
amada. La coreografía de Patricia Ascuasiati desarrolla los
movimientos autóctonos de los bailes típicos de la región,
mezclándolos con la danza contemporánea. Lo mismo se logra
con la música del ballet, que es una recopilación de música
tradicional folclórica criolla. Este ballet confirma
ejemplarmente nuestro sincretismo.
Palabras de Juan Fidel Mieses.
Maestro y Coreógrafo de la compañía
Mi reciente asignación como maestro de la compañía es una
oportunidad invaluable para transmitir a los bailarines el
conocimiento científico y artístico adecuado a las
exigencias técnicas que nos provee el repertorio actual con
fuertes tendencias neoclásicas. Será siempre prioritario
considerar a los bailarines como atletas de alto rendimiento
y entrenarlos dotándolos con las herramientas que nos
facilitan otras ciencias aplicadas, como la kinesiología y
la biomecánica, estudiándolas a profundidad, garantizando
así bailarines con una conciencia acrecentada acerca de su
instrumento de creación que es el cuerpo. Ser maestro es ser
educador, por lo tanto habrá siempre que cuidar los aspectos
emocional, mental y espiritual del elenco. Bailarines que no
tengan esos aspectos integrados trabajando en armonía, no
pueden contribuir en mucho con el cumplimiento de las
exigencias de su profesión. La danza es arte y ciencia: el
entrenamiento es vital para poder dar dirección a la
energía, dominar nuestros estados de vibración en nuestro
cuerpo emocional y como artistas del baile, expandir con
esfuerzo consciente los horizontes de nuestro alcance
técnico, dramático e interpretativo.
Quisiera concluir destacando el apoyo que hemos recibido del
actual gobierno dominicano, a través de la máxima
institución de cultura, La Secretaria de Cultura bajo la
dirección de señor Rafael Lantigua.
Pese a esto nuestras debilidades siguen siendo
presupuestarias, teniendo como consecuencia el éxodo de
bailarines a otras carreras. A pesar de eso seguimos
adelante en esta lucha por fortalecer nuestra principal
institución de danza en la República Dominicana, para así
lograr que nuestra sociedad sea capaz de reconocer el valor
del arte, el valor de la danza y colocarlo en su justo
lugar, permitiéndonos resaltar nuestro país y nuestra
identidad.
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