Ponencias
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BOLIVIA

PROYECCIÓN ESCÉNICA DE
LA DANZA FOLKLÓRICA

Profesor Manuel Acosta B.
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La charla de hoy sobre la “Proyección de las danzas folklóricas en el escenario” quisiera que sea ante todo, un intercambio de experiencias, de realidades, de particularidades, ya que cada uno de los presentes acumula una experiencia en este trabajo, de acuerdo a la realidad del medio en que cumple su función.

Podría parecer redundante, pero considero que para hablar sobre este tema, será necesario recordar algunos aspectos relativos a la disciplina del Folklore, amada por muchos y, a veces, menospreciada por otros.

En primer lugar, sabemos que la ciencia folklórica tiene su área de estudio en los pueblos que integran nuestra civilización y que, por tanto, participan de una bicultura: la oficial y la folklórica, entendiendo por “cultura oficial” la que tiene que ver con la enseñanza sistematizada, la tecnológica, la política, los medios de comunicación social, la religión, etc. y por “cultura folklórica” el saber empírico, las artesanías, las industrias domésticas, creencias, etc. teniendo desde luego, ambas, un vehículo de comunicación: el lenguaje.

Sabemos por tanto que hay folklore donde hay dos culturas: la oral que es empírica y la académica que es tecnológica; pero también sabemos que hay hechos folklóricos que se dan en todos los niveles sociales y culturales, desde los grupos aborígenes que se aproximan a la civilización, participando de su cultura y llegando a aculturizarse, pero sin formar parte aún de nuestra civilización, hasta los grupos culturales más avanzados: intelectuales, artistas, científicos, etc. y que mantienen ciertas tradiciones. No sé lo que ocurre en otros países, pero en Bolivia no existe grupo humano que no practique algún hecho tradicional. Por ejemplo la “chchalla”, la “mesa”, las danzas tradicionales en todo acto social: matrimonio, cumpleaños, bautizo, etc.

Por otra parte, quienes estamos en contacto permanente con nuestras tradiciones, sabemos que en la sociedad donde vivimos hay una verdadera “tricotomía cultural”. Por una parte está la Cultura Folklórica, de la que ya hablamos, que es producida por el pueblo; la Cultura de Masas que es producida para el pueblo y la Cultura Académica, producida por los intelectuales y artistas. La primera, o sea la “folklórica” es esencialmente tradicionalista, conservadora, empírica; en cambio la segunda o “de masas” tiene finalidades comerciales, de simple disfrute o de producción en serie. Y la última o “académica” que tiende, sobre todo, a la creación, a la experimentación. Considerando lo dicho, deducimos que hay también un “arte folklórico” y un “arte académico”. El primero es necesariamente socializado, oral, anónimo, tradicional, donde la creación es mínima y se halla siempre cimentada en moldes y patrones establecidos, heredados. Aquí lo importante es conservar y cuanto mayor sea el grado de pureza en esta conservación, mayor es el mérito de quien la difunde. En cambio el arte académico es singularizado, personal, innovador, siendo la expresión personal la condición más indispensable y, por tanto, la creatividad, ya que la repetición o imitación de formas establecidas, le restan todo valor artístico.. Todo esto es muy importante recordar cuando tenemos el propósito de llevar al escenario nuestras danzas tradicionales, como una proyección artística.

Por supuesto, y esto lo sabemos por experiencia propia, entre ambos campos: el folklórico y el académico, existe una gama de realizaciones. Por ejemplo, quienes pretenden expresarse artísticamente, sin contar con las técnicas necesarias o los tergiversadores de los hechos folklóricos que, para no ser considerados como imitadores, inventan formas ajenas a la danza en sí, seguramente, más por desconocimiento que por mala fe. Y aquí vale la pena recordar que el hecho folklórico, en este caso la danza, hunde sus raíces en el pasado, o sea que es tradicional, pero también es “dinámico” porque cambia con el tiempo, de lo contrario moriría, como ha ocurrido en muchos países. Y su característica de “funcionalidad” es sumamente importante ya que la danza folklórica cubre un objetivo práctico dentro de la comunidad, que puede ser agrario, religioso, social, etc. Y también recordar que, además de ser un hecho “popular”, que pertenece al pueblo que lo trasmite, es “regional y nacional”, es decir, que representa a una región específica de un país, muchas veces no precisamente del lado izquierdo o derecho de los puntos y rayas de los mapas, pero definitivamente es regional. De lo contrario, quien se atrevería a sostener que el Joropo es uruguayo, el Sanjuanito, boliviano o la Diablada, argentina. Y si aún hubieran dudas está este otro factor: “la tradición”, es decir que el hecho folklórico, tiene obligatoriamente que tener una larga tradición en un país o una región, para ser considerado propio.

Este problema de la apropiación produce permanentes discusiones y reclamos de Bolivia hacia nuestros vecinos de Chile, Perú y Argentina, donde muchas veces se presentan danzas e interpretan músicas bolivianas como propias, e inclusive se las muestra en eventos internacionales, cuando no existe ninguna tradición de las mismas en esos países. Y no es que haya una prohibición de bailarlas o cantarlas, lo único que se pide es que se mencione su origen. Acaso los discos y casetes no especifican en su tapas o folletos, el nombre de la danza o música y sus autores e intérpretes? Por qué no se hace lo mismo al presentar una danza? Menciono este tema porque mal se puede proyectar artísticamente una danza tradicional, si no se conocen sus raíces o lo que es peor, se pretende desconocerlas.

Para concluir este análisis sobre los hechos folklóricos, es importante diferenciar lo “popular” de lo “folklórico”. Si bien el hecho folklórico debe necesariamente ser popular, en cambio lo popular no siempre es folklórico. Todos sabemos de las modas en la música, bailes, ropa, etc. que en determinadas épocas se popularizan, debido a la propaganda comercial, al avasallamiento cultural, a los medios de comunicación, como el cine y la televisión especialmente, pero su duración es efímera; un poco más tarde, o un poco más temprano, desaparecen, para dar paso a nuevas modas, bailes, peinados, ropas, etc. Es innegable que muchos de estos hechos populares pueden llegar a folklorizarse con el correr del tiempo. Sin embargo, lo normal es que luego de un tiempo, largo o corto, según el éxito que tuvieron, pasan y solo quedan en el recuerdo. En cambio, el hecho folklórico no es una moda, pues se mantiene a través de generaciones, no exactamente igual desde luego, ya que es dinámico, pero las formas quedan indefinidamente. En síntesis, lo popular no necesita tener una raíz nacional, en cambio lo folklórico sí; lo popular responde solo a una moda, lo folklórico a una tradición.

Ahora me gustaría hablar un poco sobre nuestra realidad latinoamericana en el terreno de la preservación y difusión de la danza folklórica, porque pienso que la realidad boliviana es similar, por lo menos en algunos aspectos, a la realidad de otros países. En Bolivia existe un folklore viviente en todos sus aspectos. En el terreno de la danza folklórica, su práctica y difusión se ha convertido en un verdadero problema, por las siguientes razones: la incorporación permanente de nuevos sectores de la sociedad, incluyendo ministros, parlamentarios, profesionales de diferentes especialidades, etc., que participan en los grandes desfiles folklóricos o “entradas folklóricas”, especialmente en las ciudades de La Paz, Oruro y Cochabamba. Estos sectores bailan por placer, por amor a ciertos ritmos que se popularizan, por afanes populistas, etc. Luego está la tergiversación de las danzas, sin que exista control alguno, ni oficial ni particular, para su correcta difusión. Finalmente está el desmedido afán de brillar en estas “entradas” inventando pasos, vestimentas con adornos extravagantes, a veces copiados de revistas chinas o eliminando elementos básicos como las máscaras, solo para lucir los agraciados rostros de las bailarinas. Frente a estos núcleos humanos están los sectores campesinos, que continúan viviendo de acuerdo a sus propias costumbres y practicando sus propias danzas, casi sin intromisión de elementos foráneos, tal vez por el abandono en que se encuentran, por la falta de atención de los gobiernos de turno. En ellos aún no ha cundido el afán comercial o de convertirse en espectáculos de exportación, pues continúan bailando por motivos mágicos y agrarios, principalmente. Paralelamente, en las ciudades tenemos a los grupos de las zonas populares y, actualmente, a las universidades, que danzan en las grandes fiestas, especialmente en las ya mencionadas “entradas folklóricas” de la Santísima Trinidad o Gran Poder, en La Paz, el Carnaval de Oruro en esa ciudad y de la Virgen de Urkupiña, en Cochabamba. Sus danzas son generalmente mestizas y hay en ellas gran profusión de pedrería de fantasía y bordados, aspectos éstos que han dado origen a gigantescos gremios de bordadores y mascareros. En estos grupos de danza, conformados por centenares de bailarines cada uno, prima sobre todo el deseo de renovación constante; ellos carecen de ese auténtico espíritu que tiende a mantener las tradiciones ya que, ansiosos de merecer premios o sobresalir, no vacilan en inventar folklore, alterando las bases técnicas y hasta la música, llegando inclusive a adaptar melodías populares de otros países dándoles el ritmo de la danza que interpretan. Y lo que es peor, modificando las vestimentas tradicionales, con diseños y adornos completamente ajenos a la tradición. Todos sabemos que los hechos folklóricos cambian en el tiempo, pero ese dinamismo no puede estar dirigido por intereses comerciales o turísticos, ya que debe ser el fruto de una labor colectiva, lenta y selectiva del pueblo que la adopta y la practica.

Finalmente, tenemos las academias de danza, los ballets y los grupos organizados por personas que trabajan, o pretenden trabajar, con fines artísticos, teatrales. Aquí las fallas son de otra naturaleza ya que, amparados en la famosa palabrita de “estilización”, no vacilan en alterar fundamentalmente la forma y el contenido de una danza tradicional, ajustando pasos y poses de sistemas de danza totalmente ajenos a la danza en cuestión. Aquí más que nunca debemos recordar que “el folklore no se hace, ya está hecho” y constituye el espíritu y fisonomía propios de una nación, el símbolo de la nacionalidad. Lo dicho, de ninguna manera significa que no sea posible efectuar un trabajo de “proyección artística” en base a nuestras danzas; es más, ésta debiera ser misión obligatoria de los “ballets nacionales” y grupos de danza teatral; pero dicha proyección tiene que estar cimentada en el conocimiento exacto de sus formas y su contenido.

Creo necesario repetir aquí las palabras de ese famoso maestro y coreógrafo Igor Moiseyev, que decía: ”una danza folklórica se crea por el pueblo, es un producto de la vida misma, nacida de las actividades del pueblo, reflejando el trabajo, sus fiestas, historia, costumbres, hábitos. Estas son uña y carne de la danza folklórica y el coreógrafo no las debe copiar ciegamente. El debe darse cuenta de que su tarea es creativa, siendo su objetivo perpetuar genuinos ejemplos históricos y etnográficos de la danza folklórica. El punto más importante es la manera de adaptar la danza folklórica, ya que si se la adapta sin el concepto claro del contenido o elemento nacional, ella degenerará en una danza seudo folklórica y solo será un mero espectáculo; pero cuando se transforma con un verdadero sentido de sus elementos nacionales, el resultado será una obra mejor y más artística. No puede haber una trasplantación literal de la danza folklórica al escenario, pues ella debe ser desarrollada por el coreógrafo, que es un artista creativo. La presentación de una danza folklórica debe ser distinta a la danza no escénica del pueblo; debe tener más colorido, los movimientos tienen que ser amplios, más plásticos, más expresivos, tener un sentido más claramente revelado que cuando la misma danza es bailada por el pueblo. Esto es lo que debe entenderse por “proyección”. Y esto se logra a través del conocimiento de las raíces históricas, su evolución, selección de los elementos más significativos, lo que en el espíritu nacional expresa lo mejor de ella. Hay que extraer sus cualidades humanas; alegría de vida, trabajo, sentido del humor, etc. Estas dos partes juntas ayudan a presentar más brillantemente el carácter nacional de una danza folklórica. Esto es lo que debemos entender quienes estamos dedicados al arte folklórico, como transformación escénica de una danza….”

Comprendiendo esta realidad que, estoy casi seguro, no solamente atañe a mi país Bolivia, sino a la mayor parte de las naciones latinoamericanas y del Caribe, tenemos que estar conscientes de que no es posible una proyección escénica de la danza folklórica, si no tenemos un buen conocimiento de ella, tanto en su aspecto histórico como técnico; es más, siempre es posible para el coreógrafo jugar con el diseño coreográfico, a la vez que aprovechar todos los recursos técnicos que le ofrece el teatro moderno, pero lo que no puede es “inventar folklore” .

A todo lo expresado debemos sumar la ausencia de críticos de danza folklórica y de danza en general, es decir, conocedores de la tradición y empapados del trabajo creativo del artista; críticos con capacidad de analizar con solvencia, un espectáculo en el escenario o una demostración folklórica en el campo. La falta de estos críticos ocasiona que personas de buena voluntad, pero de limitados conocimientos, viertan opiniones a través de los medios de comunicación, generalmente elogiando la espectacularidad, el número de participantes, la cantidad de público y otros factores que, muchas veces, no tienen nada que ver con la representación en sí. No se desmenuza el espectáculo en sus aspectos técnicos, de proyección, iluminación, caracterización, interpretación, etc. y sólo se habla de un “hermoso espectáculo” o de una “bonita representación”. Es obvio que el verdadero crítico de danza tiene que ser un auténtico especialista, con amplio conocimiento sobre la ciencia antropológica y contar con experiencia práctica en técnicas de danza y, en este caso, de danza folklórica. El resultado de esta ausencia de críticos es funesta, ya que los elogios para determinado grupo o persona, impiden normalmente una autocrítica y, tal vez, por desconocimiento o autosuficiencia, directores y “coreógrafos” transitan por los escenarios teatrales con sus “bonitos espectáculos” y, claro está, con las dulces y sabrosas palabras del supuestamente crítico que, casi siempre, es amigo personal o persona agradecida invitada a un buen palco y que, obviamente, asistió a la recepción efectuada al finalizar el espectáculo.

Otro punto a tratar es el de los festivales nacionales o internacionales de folklore. Estos podrían ser altamente positivos si se estableciera en las bases de convocatoria el tipo de espectáculo que se quiere mostrar, o sea, si la idea es presentar conjuntos que bailan con la mayor autenticidad posible o de proyección teatral. Y, si abarcan ambos campos, determinar espacios y horarios adecuados para cada especialidad ya que, con toda seguridad, habrá gente que desee ver danzas que muestren la mayor autenticidad posible y también habrá quienes aspiren pasar una agradable velada con grupos de proyección artística. El problema general es que es muy difícil llegar a un acuerdo para definir qué es lo que está bien y qué es lo que no lo está en un trabajo de proyección; pero lo que no se puede disculpar es la ausencia de cierto talento en las composiciones coreográficas. Nadie desconoce que los artistas en los diferentes campos: música, teatro, pintura, danza, etc. recibieron o reciben una formación en las técnicas de su profesión, es decir, el medio para ejecutar su obra, pero será muy difícil que al estudiante de arte se le pueda dotar de mayor o menor talento, para que su obra artística tenga validez permanente o temporal.

Considero que todos los factores de los que hablé durante esta exposición, son importantes para efectuar un trabajo de proyección escénica de la danza folklórica. Desconocer estos problemas y no estar empapado de la tradición, es un mal comienzo para quien tenga el propósito de trabajar en el terreno de la danza escénica y no sólamente en la simple difusión de lo que ya existe, es decir, en la copia más o menos aceptable de lo que ven sus ojos en los medios folklóricos.

Y surge la pregunta: existen normas establecidas o algo parecido que nos enseñen a convertir una danza folklórica en una obra de proyección artística?. Pienso que no, porque el arte no puede ser encasillado en reglas. Es siempre posible aprender el oficio de componer, como se estudia perspectiva y composición en la pintura, pero establecer normas significaría tanto como uniformar la creatividad, y eso va contra todo sentido del arte. Concretamente en el campo de la danza folklórica, la misión del coreógrafo será mostrar al público lo que esa danza representa, con movimientos plásticos más generosos y visibles que los que se dan en el medio Folk; con diseños coreográficos simplificados y nítidos, con los gestos más apropiados para expresar el contenido de la danza, sin caer en una mímica que dé la impresión de un baile de mudos; en ornamentarla con un vestuario estéticamente más bello en formas y colores, pero sin alterar su forma original; utilizar tejidos tradicionales cuando sea necesario y no remplazarlos con telas y colores ajenos a su forma tradicional. Labor difícil por supuesto y que requiere un trabajo de equipo: maestro, coreógrafo, diseñador, modistas, etc. Y todo este ya difícil trabajo será imposible lograrlo si no se cuenta con un núcleo de bailarines capacitados en diferentes técnicas de danza y que posean su instrumento de expresión, o sea su cuerpo, bien afinado. No se puede desligar la estética del arte.

Cómo podría, finalmente, dejar de lado un aspecto que es sumamente importante para todos quienes se hallan inmersos en el maravilloso campo de la danza: el contacto con todas las otras ramas del arte; de ser observador minucioso de las obras de los grandes maestros de la pintura y la escultura, de escuchar y aprender a apreciar las obras musicales de los genios del pasado, de gozar de la poesía, de escuchar atentamente las opiniones y las ideas de los intelectuales y artistas de prestigio, de observar la naturaleza y su infinidad de formas bellas que nos muestra; de observar a hombres y mujeres en todo sitio y estudiar sus movimientos corporales, tan diferentes del campesino, al vendedor de periódicos, el lustrabotas, el artesano, etc. Y lo básico para la escenificación de la danza folklórica: observar al hombre Folk, sus movimientos corporales, preguntando, investigando sobre lo que representa, lo que significa cada uno de sus gestos, es decir, compenetrarse en todos los detalles de la danza en estudio, única manera de recrearla en un escenario, sin quitarle su esencia. Impregnarse del medio en que se produce, respirar el aire frío o cálido donde se produce el hecho, en síntesis, tener una vivencia total de la misma. No es posible llevar al escenario, con cierta responsabilidad, algo que se desconoce o se conoce solamente a través de lo que cuentan otros.

Para terminar toquemos un tema que es motivo de permanente discusión y observación y que tiene estrecha relación con el tema de la presente charla. Qué significa la denominación de “ballet folklórico”? Pregunta difícil porque existen criterios muy encontrados al respecto, desde quienes piensan que “ballet folklórico” es una nominación absurda, por la aparente contradicción entre ambos términos: “ballet y folklore”, es decir: lo académico y lo tradicional, hasta otros que sostienen que un “ballet folklórico” es un grupo de bailarines que no son indios, campesinos o como quiera llamarse a los legítimos conservadores de estas tradiciones. Y en medio de ambos extremos hay una diversidad de opiniones.

En muchas reuniones y largas conversaciones con gente del mundo de la danza, llegamos a una especie de acuerdo al respecto, acuerdo que contempla los siguientes aspectos:

Primero.- Un Ballet Folklórico presenta las danzas dentro de un contexto general, una tradición, determinada fiesta folklórica, creencia, en fin, un hecho enmarcado dentro de una comunidad, como parte de su vida y sus tradiciones.

Segundo.- Un Ballet Folklórico recrea las danzas, porque las transforma en manifestaciones estéticas, a través de bailarines formados para el trabajo escénico; es decir poseedores de técnicas y conocimientos que no tiene el hombre folk.

Tercero.- Un Ballet Folklórico trabaja cuadros unitarios y no danzas inconexas.

Cuarto.- Un Ballet Folklórico aprovecha todos los recursos técnicos de los escenarios teatrales, para mostrar con mayor precisión y sentido estético, el contenido de las danzas.

Finalmente, pienso que este tema da para una extensa reunión y tal vez, al final de la misma, estaríamos casi como al principio. Lo único cierto, al presente, es que la nominación de “Ballet Folklórico” , al margen de si está bien o mal empleada, ha sido aceptada y se la utiliza en todo el mundo.

Tal vez, si el tiempo lo permite, sería interesante ahora escuchar la opinión de ustedes sobre este espinoso tema. Muchas gracias.
 

 
 
CUBA
LA DANZA: RAÍZ Y PUENTE INTEGRADOR

Doctor Miguel Cabrera
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Con gran regocijo volvemos, por sexta vez, a la bella y hospitalaria Maracaibo, convocados por esa incansable mujer, visionaria artista y amiga siempre, llamada Marisol Ferrari, quien ha mantenido viva, como nadie, el quehacer danzario del Estado Zulia, en la República Bolivariana de Venezuela. Durante la década de los 90 fue ella la incansable anfitriona de los Festivales Latinoamericanos y Seminarios Internacionales, organizados por DanzaLuz y La Universidad Zuliana y desde el 2004, como promotora de Azudanza, le ha dado un nuevo vuelo a su obra, al convocarnos a estos Festivales que, bajo el título de Danza Solidaria, Encuentro de los Países Bolivarianos y del Caribe, celebran ahora su tercera edición.

El evento es siempre rico en propuestas, pues no se circunscribe a presentaciones en los espacios tradicionales de los teatros, sino que se hace extensivo a centros peculiares de la comunidad, universidades, casas de cultura, centros hospitalarios y estudiantiles, propicia encuentros con grupos artísticos de la región, así como Talleres y Foros donde se debaten, no sólo cuestiones técnicas y estéticas, sino las principales problemáticas sociales, económicas y políticas que enfrenta el quehacer danzario mundial y, muy específicamente, el de nuestra región.

Por ello no es raro que uno de los temas escogidos para el Foro de este año sea el que lleva por título “La danza como factor principal en los procesos integradores de intercambio y amistad Latinoamericana y del Caribe”. A él dedicará su atención la delegación de Cuba, la cual me honro en representar.

Sabido es que la danza, desde los mismos orígenes de la civilización, ha sido uno de los más eficaces medios de comunicación entre los seres humanos. Como ritual mágico-religioso, como recreación en sus vertientes folclóricas y populares o ya dentro de las reglamentaciones del espectáculo, se ha dicho y con válida razón, que la danza no es otra cosa que “el espejo del hombre, como individuo y como parte de una colectividad social”.

Los pueblos de América Latina y el Caribe no han quedado al margen de esa verdad histórica, y bien sabido es, también, el papel que le ha correspondido a la danza en la conformación de una sólida y multifacética cultura en la región y en la lucha que han librado nuestros pueblos, durante más de medio milenio, por preservar nuestra identidad, que aunque conformada en forma múltiple, es una e indivisible.

El legado cultural de nuestra América es un patrimonio que compartimos y cuya valoración y defensa ha sido deber impostergable para todos aquellos que bien sabemos que “el arte no tiene patria, pero los artistas sí”.

Conscientes de ello, los artistas e intelectuales latinoamericanos y caribeños han luchado, con una visión cada vez más clara, por la unión y la colaboración entre los artistas de la danza, para lograr con ello un fructífero proceso integrador que preserve nuestro legado cultural. Ahora, más que nunca, frente al fenómeno de la globalización -que en verdad no es otra cosa que una falsa cortina con la que se trata de esconder la aspiración hegemónica de una potencia imperial- los artistas de la danza debemos reforzar nuestros tradicionales lazos de hermandad.

Estas citas de Maracaibo constituyen un Foro de gran valor porque aquí nos hemos reunido no sólo para disfrutar las realizaciones de los artistas participantes, sino que nuestra gran familia (bailarines, coreógrafos, profesores, directores, críticos, historiadores, etc.) ha analizado nuestras conquistas, nuestras problemáticas y nuestras comunes aspiraciones.

El movimiento danzario cubano, tanto el de orientación clásica como el contemporáneo y el folklórico, ha tenido clara conciencia de la importancia de la colaboración, de compartir experiencias con todos los pueblos de la región, por cuanto son muchos más los elementos que nos asemejan que los que nos separan.

En nuestro quehacer danzario, como en otras tantas cosas, se hace válida la sentencia de Martí, quien afirmó desde finales del siglo XIX, que los pueblos de América debían “marchar unidos, en cuadro apretado, como la plata en las raíces de Los Andes”.

Los fundadores del ballet cubano, Alicia, Fernando y Alberto Alonso, al crear el hoy Ballet Nacional de Cuba, en 1948, tuvieron muy claro esos objetivos. Es por ello que la historia de nuestra principal agrupación danzaria es el resultado del esfuerzo nacionalista y de la colaboración internacional. En el período inicial, la figura de Alicia Alonso y su prestigio mundial jugaron un papel clave en el combate contra prejuicios que proclamaban la incapacidad de los latinoamericanos y caribeños para asumir las grandes obras del repertorio internacional.

Las diversas giras de la Compañía entre 1948 y 1956 por casi todo el continente, ayudaron a romper complejos, despertaron vocaciones y alentaron a talentos de alto vuelo posterior. Es honroso para los cubanos que en aquellos tiempos difíciles, nuestro ballet se nutriera de nombres luego tan trascendentes como los venezolanos Vicente Nebrada, Graciela Henríquez e Irma Contreras; los argentinos Carlota Pereyra, Marta Mahr y Armando Navarro; el uruguayo Víctor Alvarez; el mexicano Felipe Segura; la chilena Lupe Serrano; el guatemalteco Antonio Crespo o los puertorriqueños Ana García y José Parés, por solo citar unos pocos de los muchos ejemplos.

En la histórica Ponencia que Fernando Alonso enviara al Congreso Continental de la Cultura celebrado en Chile en 1953, y que fuera leída por nuestro Poeta Nacional, Nicolás Guillén, se afirmaba: “Si se universalizan el lenguaje y las costumbres, si se hacen comunes los sistemas de vida y unen los estados, si se aspira a que todos seamos ciudadanos del mundo, hagamos nosotros los latinoamericanos nuestro mejor esfuerzo para que al menos América, ‘nuestra América’, aquella que José Martí limitaba entre el Río Bravo y la Patagonia, se conozca y se admire más, se una y ame mejor”.

Al reorganizarse la Compañía en 1959, después de más de dos años de haber sido destruida por la tiranía batistiana, muchos artistas latinoamericanos volvieron a nutrir sus filas, hasta que ya, en 1968, la primera graduación de la Escuela Nacional de Ballet, garantizó definitivamente la total cubanización de su elenco.

En el campo de la danza moderna correspondería al maestro Ramiro Guerra la labor fundacional, que desde la década del 50 se enrumbó a la obtención de sus objetivos con igual óptica. En la vertiente folklórica las investigaciones del sabio Don Fernando Ortiz abonaron el camino. Ellas posibilitaron el rescate de toda la riqueza heredada de los aportes hispánicos y africanos, poniendo énfasis en nuestra condición de latinoamericanos. Las tres vertientes básicas de la danza en Cuba han cultivado de manera permanente esas raíces y no han vacilado nunca en compartir experiencias con nuestros hermanos de la Patria Grande y recibir de sus pueblos respectivos inspiración, riqueza y maneras de hacer.

En estos 47 años de Revolución no han cesado los intercambios de solistas y compañías, de coreógrafos y profesores, de compositores y diseñadores y de especialistas en el campo de la historia y la teoría de la danza, con los más disímiles empeños danzarios en nuestros países hermanos. Ellos han incluído instituciones con gran tradición y respaldo oficial como el Ballet Estable del Teatro Colón de Buenos Aires y la Compañía Nacional de Bellas Artes de México, y esfuerzos loables pero víctimas de la incomprensión oficial de sus gobiernos o la penuria económica, como el Incolballet de Cali –ciclópea obra de Gloria Castro, esa otra gladiadora de la danza latinoamericana, en Colombia--; el Festival de Ballet de Trujillo, en Perú, calorizado por Stella Puga; Mujeres en la Danza, que desde Quito alienta Susana Reyes, y numerosas iniciativas académicas, coreográficas y teatrales, en 20 países. Hemos creído, como dice el tema de la Agenda, que la danza ha sido y es un factor principal en los procesos integradores de intercambio y amistad. Lo hemos hecho con modestia de hermano, lo mismo en una Academia en Saltillo (en la frontera norteña mexicana), en una escuelita en el itsmo panameño, que en una comunidad indígena de Iquitos en la selva amazónica o en las australes zonas de Argentina y Chile. Los Cuballets, efectuados en La Habana, en México, Brasil y Argentina, han sido tanto citas artísticas, donde se han despertado vocaciones y pulido talentos luego internacionalmente reconocidos, como a la vez Foros continuadores de la amistad y la colaboración.

El Ballet Nacional de Cuba -de cuya obra puedo hablar con mayor propiedad- no ha renunciado nunca a esos anhelos de integración y lo ha hecho patente en centenares de actuaciones, en sus 73 visitas por 22 países de Latinoamérica y el Caribe, y en una cada vez más creciente colaboración internacionalista. Por ello estamos aquí y lo que de aquí surja, con espíritu de integración y amistad, de enseñanza y aprendizaje, encontrará en nosotros fieles y decididos propulsores.

Estamos conscientes de lo mucho que a todos nos queda por hacer, pero también de la claridad de nuestros objetivos y de la estrategia que todos juntos debemos seguir. Gracias a Danza Solidaria, por convertir a este Foro en un nuevo impulso para hacer realidad esos sueños compartidos.
 
 
 
ECUADOR
LA DANZA SIN FINES DE LUCRO NI COMERCIAL
SU VIGENCIA E IMPORTANCIA EN EL ACONTECER ARTÍSTICO DE NUESTROS PAÍSES

Maestra Susana Reyes
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Es indiscutible que desde tiempos inmemoriales el Arte de la Danza
tiene el maravilloso poder de topar las fibras más profundas del ser humano, su corazón, su mente, su memoria, la danza incluso tiene el poder de llegar a la tierra, al universo mismo. Por ello, la danza siempre ha sido un vehículo directo de enajenación o liberación de un conglomerado social.

En ese sentir, y consciente de que en una sociedad de consumo el arte ha sido profanado y tratado no sólo como una mercancía sino como un privilegio elitista, creo firmemente que la danza jamás puede conciliar con un espíritu comercial y lucrativo, propio de una sociedad que ha perdido su brújula en el sagrado sendero del bienestar colectivo.

En mi experiencia personal, después de 30 años en el quehacer dancístico, he llegado a entender que la danza, más allá de un oficio, es una misión en la construcción de una nueva humanidad y una verdadera cultura de Paz. Como creadora, bailarina y maestra, como directora de la Casa de la Danza de Quito y del Festival Internacional Mujeres en la Danza, tengo la satisfacción de haber hecho un camino con dignidad y compromiso con la vida, la paz y la identidad, y puedo afirmar que sí es posible erigir el cosmos de una danza para todos sin fines de lucro y sin concesiones comerciales.

Hoy, más que nunca, cuando los pueblos latinoamericanos nos vemos amenazados no sólo por la globalización, sino por la comercialización del arte y la cultura, es indiscutible la vigencia e importancia de una danza comprometida con la vida y sin fines de lucro. Actualmente en Latinoamérica estamos viviendo una clara tendencia a reforzar las “empresas culturales” con fines de lucro, por lo que se hace necesario que los hijos verdaderos y conscientes de la danza elaboremos y ejerzamos estrategias que nos permitan ser los propios gestores del acontecer artístico de nuestros pueblos, sosteniéndonos al margen de toda política cultural utilitarista, lucrativa y enajenante, y, también, poder trascender con nuestro quehacer artístico a la conquista de nuestra dignidad humana y de nuestros pueblos.
 
 
 
ECUADOR
DANZA: PARA QUÉ Y PARA QUIÉN

Profesor Reinaldo Efraín Soto
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Demonios y fantasmas, dioses y divinidades, mundos y submundos, cascadas, aire, fuego, el sol, entre otros, factores para que el hombre desde el inicio de los tiempos exprese su fidelidad, temor o agradecimiento a través de la corporalidad y la danza, al ritmo de sonidos de instrumentos propios para ello.

Con el pasar de los tiempos y en el mundo contemporáneo, la alegría, tristeza, rabia, ideas, creatividad y vivencias mismas del hombre son agentes que permiten la vigencia de la danza y sus nuevas técnicas y propuestas, unas más bellas que otras.

En las décadas de los años 70 y 80 se vivió, en toda América Latina, un ferviente interés por aspectos tradicionales, folclóricos, musicales y culturales en general, con marcada conciencia latinoamericana. La música, la literatura, la plástica, el teatro y la danza entre otras actividades artísticas experimentaban el interés de una sociedad ávida por mantener vivas sus raíces y adoptar un lenguaje expresivo y común que mostrara su identidad.

En la actualidad el neoliberalismo y la globalización, fenómenos impuestos por el capitalismo mundial, están acabando con los valores culturales de los países, atrapados por una razón u otra en sus dominios, especialmente los de Latinoamérica, y poco a poco extinguen disimuladamente nuestras singularidades sin que nos demos cuenta.

La juventud actual casi nada conoce de esas particularidades que nos dan identidad. La mayoría de ellos no saben de un pasillo, joropo, sanjuanito, huayco, cumbia, bambuco o un yaraví; de las vivencias, costumbres, vestimentas, gastronomías, bailes y tradiciones de los diferentes y apartados rincones de cada uno de nuestros países. Incluso se dice que los niños de hoy ya no conocen en vivo una gallina o una cabra de monte, sino por las revistas o por los documentales de la National Geografic.

DANZA para qué…
América Latina y el Caribe es sin duda una fuente valiosa de manifestaciones culturales. Cada país de esta gran patria llamada Latinoamérica, la mayoría de ellos multiétnicos y pluriculturales, se constituye en asidero auténtico de la creatividad y el talento en diferentes campos del conocimiento y el quehacer humano.

Consciente de la necesidad permanente de buscar redes de significación e identificación compartidas, que nos permitan encontrar lógicas culturales locales y una identidad soñada por el libertador de naciones, que se mueva en el tiempo y se cristalice en el espacio, es necesario que todos los que hacemos esta gran patria bolivariana fortalezcamos nuestra semejanza en el trabajo creativo como aporte y defensa de la identidad de la cultura latinoamericana y del Caribe en el proceso de globalización.

La danza, como cualquier otra actividad del hombre, nos permite sensibilizar al ser humano; de ahí la necesidad de que nuestros niños, jóvenes y adultos incursionen en ella.

Entonces…danza para qué y para quiénes…?
-Para el cuerpo y para el espíritu
Es indudable que el trabajo corporal necesario para la actividad de la danza beneficia al cuerpo estética y fisiológicamente. Los métodos de relajación practicados nos permiten auto controlar nuestras emociones y estados de ánimo. Por otro lado, el trabajo creativo y las diferentes propuestas que nosotros podamos realizar nos dan la satisfacción de sentirnos útiles y, más aún, de compartir lo que hacemos con el público. Independientemente de su éxito o no, la difusión de la danza como otra forma de llegar al público y de comunicar algo y de recibir retorno a través de los aplausos, comentarios y críticas, realmente reconforta el espíritu.

-Para mantener nuestras localidades
e identidad latinoamericana

Decía que es indudable que a través de la danza estamos en la obligación como latinoamericanos y caribeños de mantener vivas nuestras raíces, localidades, ritmos, costumbres y tradiciones. Siendo países multiétnicos y pluriculturales gozamos de una riquísima variedad cultural, elementos necesarios y más que suficientes para seguir construyendo una identidad, mantenerla, cultivarla y difundirla.

-Como método individual y
participativo de creación

La danza es arte, es creatividad y como actividad humana está sujeta a cambios, transformaciones y evolución. Por tanto, es indudable que como bailarines, coreógrafos, músicos y directores, debemos buscar constantemente en nuestro mundo, en sus problemas, en nuestro interior, en nuestra gente, en las vivencias, en los sentimientos internos y externos, elementos, factores o pretextos para crear constantemente. Siempre hay que crear, eso nos da derecho y originalidad. A través de la creatividad y el ingenio podemos aportar, fortalecer y defender nuestra identidad.

-Integración de países en tiempos de paz y guerra
La danza no sólo está destinada a regocijar el alma en tiempos de paz. También, como experiencia propia, puede permitir integrar en situ y verdaderamente a dos países que mantienen, desgraciadamente, diferencias limítrofes y bélicas. Mientras en las altas esferas de gobierno y militares se lucha diplomáticamente y a través de las armas, es paradójico que la danza se convierta en integradora y difusora de la paz en los pueblos fronterizos, muchos de ellos con similares formas de vida, con raíces que los unen y, sobre todo, con ideales de paz, trabajo conjunto y desarrollo bilateral.

-Como espacio de encuentro e intercambio
Los festivales dancísticos no sólo deben servir para mostrar lo que realizan los diferentes grupos de danza sino que los organizadores deben generar espacios para conversar sobre la cultura y, en particular, sobre el movimiento dancístico en cada uno de nuestros países, los logros, fracasos, aspiraciones y métodos de trabajo, intercambio de talleres y conocimientos.

A modo de resumen creo que la danza, sea cual fuera su línea o corriente (clásica, neoclásica, folclórica, contemporánea, de salón, de competencia, como terapia, etc.) constituye una expresión cultural auténtica y creativa que encierra en sí costumbres, creencias y tradiciones de nuestros pueblos, como fiel reflejo de la constante lucha por cuidar los valores de nacionalidad y protegerla de la globalización que lo único que pretende es acabar con nuestras particularidades.

En ese sentido los niños, jóvenes, adultos, profesores, alumnos, padres de familia, bailarines, coreógrafos y pueblo en general, estamos llamados a conservar, fomentar, promover y difundir nuestras manifestaciones culturales y artísticas como elemento esencial de identidad.
 
 
 
PERÚ
TRADICIONES CULTURALES PERUANAS
MÚSICA Y DANZA

Profesor Francisco Palacios de la Cruz
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Cuando hablamos de las tradiciones culturales en nuestra patria, las asociamos con el término Folclor.

El folclor lo relacionamos muy comúnmente con la tradición popular y, especialmente, con la de los pueblos originarios desde que en el año 1846 el estudioso inglés William John Thoms, conocido por el seudónimo de Ambrossio Merton, acuña el término folclor.

En necesario realizar algunas precisiones. El folclor no deriva de la naturaleza interna de los bienes o fenómenos; nada es folclor por cuestiones del azar, por deseos y gustos espontáneos. Todo aquel potencial para convertirse en folclor debe enraizarse en una base social, su realización debe ser colectiva, además de haber pasado por un largo proceso de transmisión generacional.

Eso quiere decir que el folclor debe ser concebido como un proceso, no como un hecho estático e inmutable. Nada es folclórico por el sólo hecho de existir, sino que llega a serlo si se cumplen las etapas y condiciones de la trayectoria de ese proceso.

El término folclor debe ser manejado dentro de los aspectos de la relatividad, por ejemplo en:
Lo espacial o geográfico (cambios por localización en regiones distintas).

Lo temporal (cambios a través de épocas y períodos históricos: de ahí la distinción de folclor en estado naciente, folclor vigente, folclor histórico).

Lo cultural (traspasos de un estrato social a otro, cambios de función,
etc.; por ejemplo, fenómeno folclórico que se transforma en proyección, "proyecciones" que dan origen a nuevos fenómenos folclóricos, transculturaciones procedentes de niveles superiores e inferiores, etc.).

Lo fundamental y característico de la cultura "folk" es que gran parte de los elementos que la constituyen proceden de civilizaciones y culturas pretéritas, asentadas en centros urbanos y rurales, por lo común alejados.
Folclore significa sabiduría popular; abarca todos los conocimientos que se trasmiten oralmente y todas las habilidades o técnicas que se aprenden por imitación o mediante el ejemplo.

El folclor abarca todo lo popular: el arte, la artesanía, los útiles, los trajes, las costumbres, las creencias, la medicina, las recetas, la música, los bailes, los juegos, los gestos, el habla, así como aquellas manifestaciones orales que han sido calificadas de literatura popular, pero que responden más exactamente a la denominación de arte verbal u oral. El arte oral comprende cuentos populares, leyendas, mitos, proverbios, adivinanzas y poesía, ha constituido desde los orígenes de la especialidad el objetivo primordial de las investigaciones folclóricas, tanto entre los humanistas como entre los sociólogos y antropólogos.

El término folclor tiene diversas acepciones, comúnmente no diferenciadas en el uso corriente, sin embargo tomaremos una de las primeras y la última reconceptualización:
El folclorista inglés Houme, uno de los fundadores de la "Folklore Society" la definió como: Ciencia que se ocupa de la supervivencia de las creencias y de las costumbres arcaicas en los tiempos modernos.

En el Perú el Dr. Efraín Morote Best, la define como: Parte de las Ciencias Histórico Sociales que busca determinar las leyes del surgimiento, desarrollo y extinción de las tradiciones populares.

LAS TRADICIONES POPULARES EN EL PERÚ

En la costa norte del antiguo Perú florecieron los Mochicas, su iconografía da testimonio claro de cómo, en las ceremonias rituales vinculadas a las tareas agrícolas, la música y la danza eran elementos imprescindibles.
Se observan claramente los tañedores de lo que llamamos zampoña o sikus en una interpretación dual y colectiva, así como flautas conocidas como quenas y tambores conocidos como wankar o tinyas.

Más adelante, uno de los elementos que utilizaron los quechuas para manejar una unidad cultural en las culturas sometidas fue la música, ligada a las manifestaciones rituales y que estaban asociados a la vida cotidiana de dichas sociedades; muchas de las estructuras musicales superviven hasta hoy. La transmisión oral y la memoria colectiva han hecho posible su existencia actual.

Los españoles introducen nuevas formas musicales y dancísticas, vinculadas principalmente a la religión e incorporan algunos instrumentos como la guitarra, la mandolina, el arpa, el violín y la bandurria; algunos de ellos fueron adoptados por la población originaria, como el arpa y el violín.

El nuevo ritual impuesto por la Iglesia católica estaba vinculado a los nacimientos, muertes y coronaciones de la familia real española y las
ceremonias locales civiles y militares. Por tanto, además de canciones y danzas populares, se importó a nuestros territorios el repertorio europeo
de tradición culta.

Casi simultáneamente llegaron los esclavos negros, generalmente criollos que no procedían directamente del África, por lo que no se conoce un idioma o lengua que se haya transmitido de generación en generación, contrario a lo que sucedió en Cuba, Brasil o Haití; sin embargo, cargaban algunos elementos culturales que son el aporte a la cultura peruana. Aparecieron piezas que incluían elementos de la tradición musical de los esclavos que delatan la fuerte presencia de su raigambre cultural en el nuevo mundo. Ejemplo de ello son los llamados “villancicos negroides”, en los que se emplean elementos rítmicos e incluso melódicos del acervo africano. De este modo, una forma tradicional española, el villancico de estructura polifónica, se reelabora a la luz de nuevas temáticas de origen ajeno a lo español. Podríamos decir que el Hatajo de Negritos es un ejemplo de ello.

Hoy, la música afro peruana, que utiliza elementos de la cultura española y africana, es predominantemente rítmica donde la percusión es la base de la música y danza. Se están incorporando instrumentos contemporáneos como los bajos electrónicos y otros de procedencia caribeña como los bongós y las congas.

Las comunidades amazónicas, mucho tiempo desconocidas y no contactadas, mantienen hasta hoy sus instrumentos de viento como las quenillas y flautas de pan, además de la percusión; sin embargo, en los poblados donde predomina la población mestiza se emplean instrumentos que son de procedencia occidental como los clarinetes. Existe una clara diferencia en el uso de los instrumentos musicales, en las comunidades originarias se utilizan en los rituales, con cánticos y danza, y en otras ocasiones en las festividades vinculadas a la pesca y la caza. En tanto que los pueblos mestizos los utilizan para las fiestas patronales, carnavales y, especialmente, la fiesta de San Juan, con danzas y bailes eminentemente festivos y llenos de alegría.

Los Andes, columna vertebral de la última gran civilización originaria, es axioma y praxis de las supervivencia cultural, especialmente en lo musical y dancístico, herencia de quechuas y aymaras. En la actualidad las comunidades y pueblos originarios de Los Andes, utilizan instrumentos y géneros musicales derivados de antiguos ritos y géneros musicales prehispánicos, donde pinkillos, tarkas, quenas, quenachos, zampoñas o sikus, roncadoras, bombos, pitos, waqras y pututos (caracolas) y los géneros dancísticos como las kashwas, los jarawis, los pujllay y las wifalas, huaynos, están vinculados a la agricultura y al pastoreo de los animales.

En algunos casos han sido incorporados instrumentos como el violín, arpa, charango, mandolina y bandurria, como sucede en las poblaciones del sur andino peruano. Mencionaremos algunas de las danzas y géneros de los pueblos originarios que sobreviven en nuestras comunidades andinas:
La kachampa o danza guerrera del Cusco. Los Qanchis, danzas de corte agrícola del valle del Willkamayu. Las Kashuas, Danza de Cusco, Puno, Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Huancavelica y Cajamarca. Las Wifalas de Cusco, Puno, Arequipa. Danzas rituales como los Ayarachis, el Tupay.
Los chunchos, danzas de Cusco, Puno, Apurímac, Junín, Ancash, Cajamarca.

Los géneros musicales corresponden en muchos casos al de las danzas:
Kashuas, Tarkadas, Pujllay, Ayarachis, Pun pines, Huayllachas, Huaynos
y Jarawis.

Al mismo tiempo, las poblaciones citadinas y mestizas incorporan las guitarras, mandolinas, charangos, arpas, etc., pero con clara diferencia en los géneros musicales y estilos interpretativos, predominando los yaravíes, huaynos más lentos y quejumbrosos, pasacalles y carnavales, así como la conformación de grupos musicales como: las Bandas Típicas (Tambor, Bombo, Platillo, Clarinetes, Pistones y Bajos) y Orquestas Típicas del centro del Perú (Arpa, Violines, Clarinetes y Saxofones).

Muchas de la fiestas que a partir de la llegada de los españoles fueron impuestas, lejos de anular la personalidad del hombre andino, por acción mimética la enriqueció, pues afloró el sincretismo cultural que hoy podemos apreciar en grandes fiestas como el Corpus del Cusco, la Fiesta de la Candelaria en Puno o los Carnavales de Cajamarca, Cerro de Pasco, Junín, Ayacucho, Huancavelica y Apurimac. Muchas danzas contienen elementos andinos y occidentales, los géneros musicales a partir del huayno y el jarawi fueron multiplicándose.

LA IDENTIDAD
Todo lo manifestado no tendría sentido si le damos un tratamiento aislado y desconectado de un valor esencial que es la identidad: una realidad cultural local, regional o nacional.

Avivar la identidad basados en un pasado étnico, para fomentar el nacionalismo, podría derivar en la enfermedad llamada chovinismo; además con dichas prácticas podríamos tener un efecto contrario a la creación de naciones sólidas culturalmente. El pasado étnico se percibe a través de mitos, símbolos y leyendas, mientras que el nacionalismo emerge como la primera expresión de conciencia y defensa cultural de dicho pasado étnico.

CONSECUENCIAS
Existe una identidad indígena de acuerdo a la pertenencia a una Tradición que se remonta a más allá de los tiempos históricos. Esa tradición común
está viva, aunque diseminada en muchas pequeñas, que prácticamente se desconocen entre sí, y que han comenzado a contactarse merced a problemas comunes respecto al hombre blanco. Sin embargo todavía no se ha superado el problema de la autoestima. La baja autoestima es consecuencia de procesos históricos largos de opresión, devaluación y discriminación.

La discriminación constituye un proceso social que se asocia a prácticas que reproducen la exclusión, la marginación y la desventaja. Su superación es una tarea colectiva que demanda el rechazo de tal situación, la reformulación de valores culturales, y la actuación y el apoyo efectivo de los sistemas e instituciones para remover las barreras del prejuicio, el racismo, la intolerancia y la dominación.

Algunas veces cuesta reconocer el meollo y la espiritualidad de sus mitos, ritos y símbolos por la unión con elementos cristianos; en otros casos, como en los ritos de fecundación, imploración de lluvias, y todo lo ligado con la agricultura y la generación, altamente sagradas para ellos, las ceremonias son más arcaicas; ni qué decir que en las iniciaciones guerreras y todo lo ligado al chamanismo, la Tradición se presenta casi intacta.
Consideramos que si se protegen ciertos sitios y monumentos históricos, incluso señalándolos como "patrimonio de la humanidad" y se gastan  presupuestos en su conservación, con qué mayor razón debieran ser protegidas las culturas indígenas, algunas de ellas fragmentos vivos de la Tradición. En este sentido es obvio que el fomento al estudio de las lenguas indígenas dentro de las mismas comunidades, así como la educación  bilingüe, son factores de integración, e identificación, como es obvio, aunque no tenemos aquí el espacio para tratar en extenso el tema.

Los estudiosos e interesados en las culturas indígenas, por la misma valoración de esas culturas y por su familiaridad con ellas, pueden hacer tal vez más de lo que piensan para su preservación, así como ellas les pueden retribuir generosamente en orden de conocimientos. Para eso es necesario que tanto ellos como los propios indígenas se pongan en la perspectiva de los autores de esa cultura y no en la moderna, y así vayan al fondo mismo de su Tradición, que es tan válida hoy como cuando fue creada, y que por lo tanto es capaz de generar nuevos frutos en cualquier momento. Reconocerse a sí mismos es un elemento valioso en elevación de la autoestima.
 
 
 
PUERTO RICO
LA DANZA COMO FACTOR PRINCIPAL EN LOS PROCESOS INTEGRADORES DE INTERCAMBIO Y AMISTAD ENTRE LOS PAÍSES CARIBEÑOS Y LATINOAMERICANOS
Profesor Jesús Miranda
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La integración es de vital importancia para nosotros los puertorriqueños. A pesar de que políticamente asumimos la pertenencia de Puerto Rico a la región, en la práctica a menudo se nos malentiende y marginaliza por nuestra particular relación con Estados Unidos.

La importancia de conocernos es clave en la integración de nosotros los caribeños con el resto de Latinoamérica. Festivales como este nos dan la oportunidad de comunicarnos, precisamente de conocernos, de integrarnos, de mostrar lo que somos, y nos enseña a apreciar el valor que esto tiene en el desarrollo de nuestra unión.

En lo práctico los festivales abren las primeras puertas. En Puerto Rico, por desgracia, ya ni siquiera tenemos un festival con una buena cuenta de banco que lo respalde y que permita invitar regularmente, como lo era el festival Interamericano. En el pasado nos permitió conocer DanzaHoy, Corpo de Brasil, la Compañía del Teatro San Martín, de Argentina y otros grupos.

Otro evento que también desapareció y que en tres ediciones nos permitió ver artistas individuales puertorriqueños, latinoamericanos y norteamericanos lo fue Rompeformas. Un aspecto importante es que ofrecía talleres paralelos al festival. Estos fomentan la integración de bailarines y maestros del país con los invitados, proveen nuevas alternativas de formación y extienden y multiplican la influencia del festival.

Aunque el panorama no muestra señales de mejorar, por el momento, no dejemos que la esperanza y las ganas mueran. Tenemos urgencia de conocernos bien, de mejorar la comunicación entre nosotros, entre nuestros países, si es que vamos a aspirar a integrarnos. Hasta ahora lo más efectivo probablemente es la cadena personal.

Sugiero hacer una lista por país al que contribuyamos, que mantengamos al día y en el que incluyamos compañías y coreógrafos, organizaciones con una breve descripción de sus proyectos y atributos, festivales y cualquier otra información pertinente a cada país.

De hacerse esto, siquiera mínimamente, los creadores a su vez podrían hacer un esfuerzo por divulgar su trabajo enviando material informativo a todos los que estuvieran en la lista. Esto incluiría fechas de viajes para que se puedan coordinar presentaciones aprovechando coincidencias de manera que nuestros países le saquen el máximo provecho a sus escasos recursos.

De las propuestas que puedo proveer específicamente de Puerto Rico es la de las compañías principales que en este momento mantienen su labor dancística en la isla, como Ballet Concierto, Andanza, Ballets de San Juan. En el área experiemental Taller de otra cosa dirigida por Viveca Vázquez. La Escuela de Bellas Artes de Carolina para la cual trabajo como maestro de Danza, además de otras organizaciones.

En estos momentos hay varias unidades del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, que pueden contribuir a un esfuerzo integrador. El sistema de bibliotecas de la Universidad ha fundado un archivo de la Danza, específicamente el Recinto de Río Piedras, que aspira recoger, conservar, enriquecer y diseminar lo relativo a la danza en Puerto Rico, el Caribe, América Latina y el resto del mundo, en ese orden de prioridad.

Se necesita enriquecer nuestros recuerdos bibliográficos, artísticos y audiovisuales de todos los aspectos de la danza en el Caribe y América Latina. Tomando en cuenta que el Sistema de Bibliotecas de la Universidad de Puerto Rico sirve como equivalente a la biblioteca nacional, el acervo actual del Archivo de la Danza incluye una importante colección bibliográfica sobre el ballet clásico, la danza moderna, la danza contemporánea y post-moderna, los bailes folclóricos, libros de historia, teoría y filosofía de la danza, y libro sobre las demás artes en su relación con la danza. Ha adquirido una importante biblioteca de libros agotados y se ha recibido una donación de sobre 40.000 imágenes fotográficas que documentan la danza en el país desde los años ’40 hasta el presente.

Se pretende con este Archivo de la Danza que se vea como un centro de investigación y recursos para toda la comunidad dancística y artística latinoamericana, que se use y se divulgue su información. El sistema de bibliotecas está conectado a la red internacional computarizada de bancos de datos de manera que cualquiera de ustedes, desde un Terminal que participe del sistema, podrá acceder a esta información.

Sabemos lo difícil que es hacer danza en nuestros países, en Puerto Rico es sumamente difícil. Tenemos ante nosotros un gran reto y responsabilidad de unir fuerzas para concretar y contribuir a toda la unión latinoamericana y, así, también del mundo.
Mantengamos y alimentemos este foco de unión en un espacio donde no hay razones políticas o de cualquier índole que nos separen. Un espacio de comunicación, de compartir e intercambiar ideas, ese sabor que se destaca en cada colectividad que nos hace únicos y a la vez iguales. En el cuerpo hablamos el mismo idioma, el que nos conecta con nuestra esencia, con lo que es real y verdadero que nos integra, nos une, estableciendo así una relación de amos y respeto entre todos los pueblos latinoamericanos.

Con mucha alegría y agradecimiento puedo decir que este festival de Azudanza me ha brindado la oportunidad de hacer realidad esa integración con nuestros hermanos del Caribe y Latinoamérica. Gracias a su creadora, la maestra Marisol Ferrari y a todo su equipo de trabajo, felicidades por su gran éxito y muchos por venir. Espero que esta maravillosa experiencia despierte en todos nosotros el interés y el compromiso de mantenernos unidos, que ese esfuerzo nos conduzca al mejoramiento de las condiciones de trabajo, que los contactos que se establezcan aquí, fructifiquen en encuentros próximos y que nuestras ideas para la integración tengan posibilidades concretas de desarrollo.


Homar, S (1992). Hablando se integra la gente-variaciones sobre un tema. Congreso Internacional de Danza. Caracas, Venezuela.

Homar, S. (1990). La danza experimental en Puerto Rico. Congreso Internacional de Danza. Caracas, Venzuela.
 
 
 
TRINIDAD TOBAGO
DANZA PARA QUÉ Y PARA QUIÉN
LA RESPONSABILIDAD DE TRABAJAR COMO CREADOR DE IDEAS Y DEFENSOR DE LA IDENTIDAD DE LA CULTURA LATINOAMERICANA Y CARIBEÑA EN EL PROCESO DE GLOBALIZACIÓN

Profesor Allan Balfour
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Como seres humanos fuimos creados con una fuerza natural, un mecanismo esquelético para producir movimiento. Esta fuerza de movimientos es una de las más grandes que manifestamos y en su desarrollo hemos atrapado su energía para crear una de las expresiones visuales más hermosas jamás vistas en la tierra.

Desde el inicio de los tiempos nuestra forma natural de expresión en cuanto a movimiento ha sido empleada para muchos propósitos y es cuando el movimiento tiene un propósito y es presentado que nace la danza. Es un regalo divinamente concedido y delicadamente nutrido, que nos da la habilidad de integrar el movimiento natural con la técnica y crear este arte.

Los propósitos de esta forma de arte están ligados a su importancia. La expresión de la danza es una huella de su gente. Cómo vivimos, nuestra creencias, nuestro estilo, nuestras costumbres y también, indiscutiblemente, nuestro nivel de desarrollo. Es un registro importante de nuestra identidad la cual puede ser preservada y sirve para beneficiar las generaciones del futuro. La danza es una embajadora para una nación y una forma de comunicación universal, aún con sus muchas diferencias. Se dice que las formas de arte juegan un papel crucial manteniendo la integridad social y la paz, y en su forma más pura puede ayudar a reconciliar en gran manera a las comunidades y a las naciones. Cuando asimos el impacto de la danza, podemos entonces dar más utilidad a nuestros roles de contribución como coreógrafos, directores, bailarines, músicos y técnicos.

En su forma natural más básica, la danza puede proporcionar placer natural y euforia al ejecutante. Un propósito del disfrute natural y el desempeño. Un tiro del alma. En un nivel más responsable, el propósito de la danza tiene efectos trascendentes. La danza puede contar una historia, educar, entretener, seducir, comunicar, enamorar, expresar celebración y ejercer alabanza y respeto al creador del regalo. Los componentes tales como: la coreografía, los temas, la historia, el estilo, los pasos, las transiciones, las presentaciones, son todos importantes creando una cautivante y poderosa exhibición visual que puede impactar socialmente las comunidades y hasta cambiar vidas. Como creadores de este trabajo debemos clasificar estos componentes con responsabilidad y con cuidadosas consideraciones de su propósito.
Qué queremos decir, cómo queremos decirlo, a quién queremos que llegue, cuán grande es el impacto.

Nuestras culturas y tradiciones en Latinoamérica y el Caribe son de las más ricas en el mundo, con diversas formas y expresiones de danza. Esta riqueza es mayormente debida a la diversidad de los contribuyentes a la cultura en cada uno de los países. Por ejemplo, en Trinidad y Tobago existen varias formas de danza tradicional que son practicadas. Estas formas de danza se originaron de las formas europeas, africanas, India del Este, amerindios y, recientemente, de los chinos, quienes ahora han sido incorporados a nuestra cultura, desde entonces ellos han sido parte de nuestra población por doscientos años. Además, como en otras naciones hay también las técnicas y fusiones de esas técnicas de la danza moderna las cuales han evolucionado a nuevos estilos de danza.

Como presentadores de la danza en esta parte del mundo, debemos reconocer el caudal de recursos que tenemos para atraer, en nuestro proceso creativo. La exposición a otras formas y niveles de la danza puede tener distintos efectos. ¿Cómo beneficiarnos de otros y al mismo tiempo mantener nuestra identidad?. ¿Cómo desarrollamos, experimentamos e intercambiamos ideas sin diluir nuestra propia identidad?. ¿Es un principio que nosotros los creadores debemos conceder, nuestro esmero cuando producimos un trabajo?. Es también desde este punto de vista que podemos preservar intencionalmente nuestra identidad, creando trabajo con nuestra cultura y nacionalismo en mente, y así resguardar nuestra singularidad.

La danza, como otras entidades puede ser abrumada por el rápido tirón de la globalización el cual puede afectar la forma de arte de diferentes maneras. El mundo se convierte en un pequeño lugar por donde podemos facilitar intercambios de experiencia cultural, compartir información y conocimientos y crear fusiones de danza para producir resultados positivos. Todos estos encuentros y colaboraciones juegan un papel sobresaliente en el desarrollo de la danza en esta región. Sin embargo debemos estar prevenidos contra las presiones de la modernización de la danza, lo cual puede aguar la riqueza de nuestro estilo latinoamericano y caribeño. La calidad de una danza no está representada por el grado de sensacionalismo técnico o el desarrollo de pasos modernos, sino que está arraigada en su propósito, identidad y cuidado en su presentación.
La globalización puede amenazar nuestra rica herencia creando más factores universales, que pueden alejarse de nuestra identidad. En un pueblo global es más eficiente actuar de forma universal y, en consecuencia, las ideas individuales se quedan atrás.

Inadvertidamente, las pequeñas naciones siguen la dirección de las grandes que generalmente dictan las reglas de la globalización. Nosotros tenemos que mantener nuestra cultura en la danza para anular este efecto diluyente de la globalización. Estos efectos son bastante desconsiderados con el estilo de la danza, ya sea tradicional, clásico, contemporáneo o moderno. Es cuando nosotros como coreógrafos pensamos enteramente en nuestra herencia y usamos nuestra marca por cuanto es posible que tengamos algo especial que ofrecer.

Con nuestra responsabilidad en mente tenemos que saber que la danza es para todos. Sí, nosotros tenemos audiencias distintas y limitadas que regularmente vienen a un foro de danza, pero nosotros estamos para crear piezas con una expectativa más amplia en mente. Además, con la formación de este pueblo global en el que vivimos es más relevante crear trabajo que hable a todas las naciones. El trabajo debe representar quiénes somos como país, como compañía de danza, o como individuos.

Irónicamente es nuestra individualidad la que nos mantiene interesados en los otros y nos enciende hacia la globalización. Producir trabajo con una identidad juega un papel fundamental en el desarrollo de la danza en una región. Por esto, los encuentros y festivales de danza que enfocan tanto integrar como mostrar y preservar los beneficios, deben realizarse en nuestra región.

Cuanto más experimentamos las ideas, más podemos animar el interés del público. En el reino de la danza contemporánea, el cielo parece ser el límite. Sin embargo, debemos ser prudentes al considerar el balance entre el desarrollo de una idea y si la audiencia la alcanza. Este es el riesgo al experimentar que a veces se produce un brillo y el más grande impacto. Danza para todos!.

El uso de la danza como una herramienta para educar puede afectar directamente nuestro esfuerzo por preservar nuestra cultura latinoamericana y caribeña. Todo lo que somos, nuestra libertad de expresión puede ser presentada y comunicada a través de la danza a todas las naciones.
Para lograr esto, la espiritualidad existente dentro de nosotros puede ser manifestada en forma de arte y, si se usa correctamente, puede tocar profundamente las almas y corazones de nuestra audiencia. Es responsabilidad de los coreógrafos, profesores y bailarines proteger la única herencia de la región y mantenernos unidos, para tomar un soporte colectivo, para asegurar nuestra cultura latinoamericana y caribeña en estos momentos de globalización.

Traducción: Prof. Asmara Mujica.

 
 
 
VENEZUELA
REFLEXIONES SOBRE EL INTERCAMBIO
CULTURAL EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Licenciado Franklin Añez
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América Latina y el Caribe han sido siempre sinónimo de gran diversidad cultural, donde sus hombres y mujeres han cultivado grandes riquezas culturales a través de su historia, su identidad y su tradición.

El Ministro de Cultura de la República Bolivariana de Venezuela, Arquitecto Francisco Sesto, exponía en la inauguración del XIV Foro de Ministros de Cultura y encargados de políticas culturales de América Latina y el Caribe, que “Los cambios de América Latina no son cambios que se puedan dar en un solo país, o tenemos una visión continental o tenemos una visión integral o nos vemos todos como una gran familia, como hermanos de una gran patria, para que, independientemente de nuestras cosmovisiones, podamos cumplir con la obligación de constituir una gran hermandad, un gran equipo, …Nuestros pueblos necesitan integrarse, necesitan que conformemos una gran Patria. Se ha hablado muchas veces de la integración en términos políticos;…y siempre, casi siempre, los discursos de integración rematan en una frase que dice que “Lo más importante, desde luego, es la integración cultural”.
Esta premisa abordada por el ministro venezolano sirve de base para colocar la danza, que es una expresión cultural, como una vía para la integración de nuestros pueblos latinoamericanos y del Caribe; con sus características similares y con sus diferencias también, pero unidos por una historia colonizadora, por una historia libertaria y con un bagaje cultural inagotable.

Esta analogía en los procesos culturales latinoamericanos y del Caribe, justifican la necesidad de establecer convenios de cooperación mutua entre organizaciones con fines comunes; ya se han librado batallas y experiencias previas sobre estos llamados convenios de cooperación mutua, pero siempre queriendo albergar grandes objetivos, algunos de los cuales se han quedado en el camino sin resultados perdurables.

Dentro de las funciones del Secretariado Permanente del Consejo Nacional de Universidades de Venezuela está planteada la “organización de relaciones interinstitucionales, labores culturales y de extensión” con instancias venezolanas y latinoamericanas para propiciar la unidad continental que tanto han anhelado nuestros pueblos. Pero esa unidad no será posible sin la participación popular, donde los artistas sean protagonistas y principales responsables de estos hechos sociales.

Los procesos de cambios políticos, económicos y culturales que vive Venezuela ameritan de esa integración continental, del esfuerzo sostenido para que sea Latinoamérica protagonista de su propio destino, una Latinoamérica con identidad nacional en cada país que la integra, pero también con un sentimiento de pertenencia latinoamericano que, sin duda, nos hará un territorio mucho más seguro culturalmente.

Ya hemos intentado establecer convenios con nuestros países hermanos y con nuestro propio esfuerzo; en Venezuela se han gestado grandes intentos entre los artistas por fortalecer tales encuentros, pero es del saber popular que sin el apoyo de instancias publicas y privadas, no podría propiciarse el intercambio cultural en América Latina y el Caribe. Un intercambio de ideas, de planes de cooperación académica, de revaloración del trabajo existente, de experiencias creativas (coreografías, clases, etc.), de vivencias que contribuyen a fortalecer el quehacer cotidiano de cada artista y a propiciar el desarrollo cultural de los pueblos de América Latina y el Caribe, son los principales logros alcanzados por estas decisiones.
Un excelente encuentro internacional de danza es un espacio propicio para el fortalecimiento de esos convenios de cooperación mutua con nuestros países hermanos, puesto que la multiplicidad de experiencias planteadas en estos eventos, sin duda generan lazos de hermandad e identidad latinoamericana generadas por la convivencia misma, promoviendo el reconocimiento del otro y el desarrollo de nuevas ideas para el trabajo creativo; proponiendo razonamientos filosóficos, ideales y vínculos económicos entre grupos culturalmente diversos y entre comunidades hermanas con un mismo origen y establecidas en países diferentes.

Los convenios e intercambios culturales en América Latina y el Caribe no sólo contribuyen a generar una mayor profesionalización del artista de la danza, si no que inciden a favor del sector del que hablamos, ya que generan grandes oportunidades y acceso a los servicios culturales continentales para de esta manera rompen con el aislamiento en que a veces caemos los artistas latinoamericanos por la falta de iniciativas que propicien procesos integradores y lazos de amistad entre nuestros pueblos.

Es necesaria la creación de más redes estratégicas de cooperación mutua para el área de danza en América Latina y el Caribe, comandadas por los artistas y con apoyo y participación del sector publico y privado, donde la sociedad civil organizada asuma esta voluntad de integración como suya a través de campañas sensibilizadoras, con efectivos modos de intercambio académico y creativo, con formas de asociación y membresía, pautas de seguridad en los procesos que genere, apoyo interinstitucional, etc.; que estimulen un verdadero intercambio cultural desde la visión más auténtica de nuestros pueblos, como una sola patria, como lo expresaba el ministro venezolano, como hijos de un mismo proceso histórico de formación.

Para que estos convenios e intercambios sean verdaderamente eficaces es importante mantener una actitud vigilante sobre el principio estratégico FODA (Fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas) al presentar el proyecto en su cotidianidad misma; para mantenerlo con actitud vanguardista frente a los retos que el artista latinoamericano se ha planteado en su afán por estrechar lazos de hermandad entre los pueblos hermanos de este continente.

El Ministerio de la Cultura en Venezuela hará lo suyo, fortalecer estas iniciativas de los artistas con la participación, observación y apoyo a través de la Secretaria Nacional de Danza o por la vía que considere conveniente, con el fin de investigar la problemática cultural desde las perspectivas de las políticas públicas, propiciando análisis del impacto social que genera estos intercambios culturales y mediciones del nivel de participación popular que demanda la nueva Venezuela que queremos construir.

No estamos solos en esta batalla por resguardar los valores propios de nuestra identidad latinoamericana, hay que construir instrumentos de referencia y de concertación entre los paises que conforman este bloque cultural, y es la creación de nuevas redes y convenios de acción entre los artistas un punto clave en la conformación de esa gran patria latinoamericana. Retomando las palabras oficiales “Se ha hablado muchas veces de la integración en términos políticos;…y siempre, casi siempre, los discursos de integración rematan en una frase que dice que “Lo más importante, desde luego, es la integración cultural”.
 
 
 
VENEZUELA
EL FLAMENCO EN VENEZUELA
Socióloga Andreína Gutiérrez
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El flamenco es un Arte,
SOLIDARIO E INTERNACIONAL.

Al ser solidario se vincula a la universalización y se internacionaliza; establece conexiones culturales con otros países. Por lo tanto, el arte popular toca la sensibilidad de los pueblos. En el caso específico del flamenco, siendo que este arte proviene de los gitanos, su alcance se extendería hacia los pueblos latinoamericanos y del Caribe, así que es por ello que tenemos una ESENCIA Y EXISTENCIA SOCIAL DEL BAILE FLAMENCO EN VENEZUELA

La práctica o cultivo de cualquier actividad artística debe pasar por diversas gradaciones, en el caso de que trate de perfeccionarse al máximo, hasta llegar a la profesionalización. En este camino hay para todos los gustos: estudiosos, creadores, espectadores, aficionados, etc. Horacio opinaba que el Arte es “dulce” y “útil”, de manera que también por dulzura y utilidad puede practicarse. En este sentido resulta necesario advertir que el Flamenco se puede aprender o enseñar desde distintas concepciones, de acuerdo a la célebre palabra germana Welstangchawn, es decir, visión del mundo que tenga cada quien como ser social, por cuanto el individuo, para jugar un rol sobresaliente en el medio social donde le toca actuar, debe afinar su personalidad con la práctica de algunas de las Artes. Esto es lo menos que puede exigirse para completar un desarrollo pleno del espíritu. Considero que esto constituye el aspecto más relevante en la larga controversia suscitada en lo que se refiere a las relaciones entre Arte y Sociedad. Dicho de otra manera, en ello se encuentra su “utilidad”, y entonces regresamos al punto inicial de estas reflexiones: el Arte nos puede parecer “útil” o “dulce”.

En torno a esto último, se ha elaborado una encuesta con el propósito de explorar las razones que puedan motivar la práctica del baile flamenco y ubicar, de alguna manera, las inquietudes que se vienen expresando. Resulta importante señalar que en las Academias se trata de “sembrar”
-fundamentalmente- la inclinación por el baile, en tanto que la difusión del mismo se proyecta por medio del espectáculo buscando así, un efecto motivacional.

Así pues, se puede demostrar que la práctica de este arte en Venezuela se ha convertido en una actividad de recreación y aprendizaje que ha ayudado a reforzar ciertos valores que están insertos en la vida cotidiana del venezolano. Los individuos, mediante el cuerpo, pueden definir sistemas de valores que sirven de esquemas para determinar las conductas a adoptar en diferentes situaciones. Mediante el estudio meticuloso del gesto, de la mirada, de las posturas, se puede construir una significación de la acción, la cual se define como “la influencia recíproca del individuo sobre las acciones del otro.”

Según Antonio Lucas Marín, en su libro Introducción a la Sociología, en toda sociedad existe un comportamiento común adquirido que se transmite, esto es lo que denominamos cultura... la cultura supone tanto un sistema compartido de respuestas como un diseño social de la conducta individual. Para saber si un rasgo de la vida en grupo es cultural tendremos que fijarnos en: 1. Si se comparte socialmente, pues la cultura es por definición social; 2. Si se transmite, lógica consecuencia de su carácter social perdurable; 3. Si se requiere aprendizaje, pues la cultura inicialmente se recibe por interacción con otros que la poseen. Todas estas condiciones, por supuesto, las contempla el flamenco, ya que en Venezuela, se comparte socialmente, se ha transmitido de generación en generación, ha perdurado en el tiempo y se ha recibido su aprendizaje a través de la interacción con otros que lo han estudiado y practicado.

Entre las razones dadas por las jóvenes y sus maestras, en cuanto por qué gusta el Baile Flamenco en Venezuela, señalan: la transmisión de sentimientos; que somos una mezcla de razas y entre nuestros ancestros se encuentra lo español; en algún lugar de nuestra memoria debe estar grabado ese recuerdo. Además, consideran que los ritmos del flamenco son contagiables, de movimientos sensuales y que es un arte de mucha fuerza.

En Venezuela, los docentes y alumnas coinciden en responder que los sentimientos que expresan cuando bailan flamenco son de soledad, dolor, seducción, amor, felicidad, alegría, tristeza y rabia. Por otro lado, los profesores convergen en pensar que el Baile Flamenco es un arte, ya que permite la exteriorización de los sentimientos, la comunicación del artista con el público y cierto nivel de creatividad e innovación propia.

Al identificar la utilidad que le ven al baile flamenco, indican el hecho de que les permite expresar sentimientos, es decir, funciona como vehículo de expresión y comunicación humana. A la vez, reciben beneficios corporales relacionados con la flexibilidad, resistencia física, corrección de postura y moldeo de la misma.

El Arte es forma, expresión, es social e individual, ha de servir al bien y contribuir con la educación. El Baile Flamenco es un arte y, por lo tanto, como danza, es estético; el Baile Flamenco es un recurso expresivo capaz de dar forma a las sensaciones de quien lo practica; es capaz de acoger y dar aspecto renovado a las inquietudes humanas, lo cual plantea relaciones entre individuos y colectividad.
Además, se pudo observar en las respuestas dadas, que quienes ejecutan este arte tienden hacia un punto en común y es haber obtenido mayor grado de sensibilidad, más confianza en sí mismas, pérdida de timidez, mayor autoestima, seguridad, extroversión, facilidad para comunicarse y pérdida del miedo escénico.

El baile flamenco, cuando es ejecutado de manera continua y sistemática, es interiorizado por la persona o personas que lo ejecuta (n), convirtiéndose así, en un medio que ayuda al proceso de socialización. Una de las condiciones necesarias en el proceso de socialización, es la existencia de una cultura que presupone la existencia del grupo.

En este caso, el Baile Flamenco es practicado por más de 1.500 personas y actúa como estímulo social, dando unos resultados positivos en la personalidad de quien lo hace y, a la vez, ayuda a las relaciones interpersonales. El cuerpo se convierte en un medio de expresión y transmisión. El baile flamenco permite la comunicación de sentimientos, por lo tanto, el flamenco es un vehículo de comunicación y expresión humana.

El Flamenco en Venezuela aparece como un hecho colectivo plasmado en las Academias, en donde cada participante se relaciona con un grupo social y se identifica con esta actividad. Consideran que es una propuesta fresca con dimensión internacional.

A través de la enseñanza de este baile, las alumnas toman conciencia de los diversos elementos que han fraguado la nacionalidad venezolana e, igualmente, podemos explicarnos quiénes somos y de dónde partimos como pueblo:
“De España se derivó la influencia fundamental: romances y villancicos, canciones de cuna o rondas, tonos madrigales y baladas. En todas las actividades culturales referidas, el elemento que les sirve de punto identificador es el pueblo mestizo. A él convergen y de él parten todas las actividades de la cultura. Ese pueblo utiliza los elementos lógicos y conceptuales, y los medios expresivos de España, sin renegar de la contribución de los grupos africanos e indígenas... en el Joropo se amalgaman el Fandango Español con sus figuras de galanteo amoroso... sintetiza en su estructura todas nuestras vertientes culturales y sociales... es una fiesta que incluye música y baile. En una ordenanza de 1749, se lo trata ‘bayle que denominan Xoropo Escobilláo’, que por sus extremosos movimientos, desplantes, taconeos y otras suciedades que lo infaman, ha sido mal visto por algunas personas.” (Salcedo Bastardo, J.L.- Historia Fundamental de Venezuela. Pág: 217)

Isabel Aretz, en su trabajo Manual del Folklore Venezolano, señala que “la malagueña”, ”la jota” y el “polo coriano”, hoy nada tienen que ver con las piezas españolas del mismo nombre, pero basan su música en una variante de la cadencia andaluza. Son melodías descendentes, de acentuado aire regional español... Luis Felipe Ramón y Rivera describe el joropo (baile), en relación a los movimientos del hombre, que al bailar hay cierta similitud con la actitud del torero cuando cita al toro. Indudablemente, que hay una coincidencia entre el joropo y las poses del flamenco.
“En Venezuela, el proceso cultural ha tenido sus especificidades, las cuales se explican a través del análisis de las relaciones históricas y estructurales que pertenecieron a un contexto social determinado. Así pues, que es a través de la práctica social donde el hombre demuestra la verdad y va construyendo lo que se llama la “organización científica”. (Méndez, Evaristo. - Qué y Cómo Investigar.)

Albert Radcliffe Brown en White View of Ciencie of Culture, 1949, define a la cultura como el proceso de la tradición cultural, es decir, el proceso mediante el cual en un grupo social dado el lenguaje, las creencias, las ideas, los gustos estéticos, los conocimientos, las capacidades, los varios tipos de usos pasan de una persona a otra y de una generación a otra.

En Venezuela, el Baile Flamenco está incorporado en la vida cultural, ya que se ha adoptado, asimilado, recreado y aprendido; éllo lo podemos comprobar a través de la labor y producción sostenida que han realizado las academias de flamenco establecidas en este país. Por otro lado, se puede señalar que la educación integral debe tener como fundamento humano, la posibilidad de permitir todos los modos de expresión de la memoria corporal, de tal manera que sea materia de arte y de la vida.

Todo lo anteriormente expuesto demuestra que el flamenco en Venezuela, ha sufrido un proceso de interiorización que confluye en una práctica social; es una práctica social porque es un baile que posee sentido, y ese sentido se convierte en una acción; la expresividad y la representación forman parte de la realidad social y son las que hacen posible la captación de dicho sentido.

Así pues, por todo ello: El Flamenco es un Hecho Socio - Cultural, por cuanto es una creación artística, cuyo proceso histórico y vigencia en el tiempo comprueban su pertenencia a un espacio social como el venezolano y latinoamericano.
 
 
 
VENEZUELA
DANZA LATINOAMERICANA Y VIOLENCIA

Licenciado Carlos Paolillo
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El siglo XX puede ser considerado un tiempo en el que la violencia humana se expresó con particular patetismo.

El desarrollo del proceso de industrialización y el avance tecnológico desmedido, junto a crisis profundas en todos los órdenes, han hecho de la sociedad contemporánea un ámbito donde la violencia física y emocional rige en buena medida las relaciones individuales y sociales.

La creación artística, ineludible reflejo del acontecer del hombre, lejos de evadirla, ha asumido esa condición violenta desde distintos puntos de vista estéticos. Uno de ellos, la danza, la ha tomado para sí con profundidad y grandeza.

La danza contemporánea desde sus orígenes ha encontrado en la violencia humana, individual y social, su punto de partida necesario, su razón de ser fundamental. Desde los dramas danzados de Martha Graham, Kürt Jooss y Mary Wigman y los postulados humanistas de expresionismo abstracto en la danza, hasta las propuestas de la danza-teatro, el neoexpresionismo y la nueva danza, la violencia recurrentemente se ha transformado en código corporal comunicativo.

América Latina es un ámbito ancestralmente violento. Su desarrollo histórico y su particular caracterización económica, política, social y cultural, han hecho de esta región asiento de agudos desequilibrios y alta conflictividad humana. La danza latinoamericana es portadora genuina de la condición violenta del continente. Sus creadores han sido un claro y, también, distorsionado espejo de esta lacerante realidad.

Heredera de las ideologías, las formalidades y las técnicas de las manifestaciones de la danza moderna norteamericana y la danza expresionista alemana, portadoras ambas de violencia intrínseca, la danza escénica de América Latina - que comenzó a configurarse durante la década de los años 40 del siglo XX - ha asimilado tales influencias y estructurado a partir de ellas un código expresivo propio.

La violencia primigenia de las renovadoras manifestaciones de la danza en Estados Unidos y Alemania, fue asumida y a su vez recreada por los artistas de la danza contemporánea latinoamericana, desde las singularidades de cada región. Así, la danza chilena se gestó a partir de los postulados expresionistas de Kürt Jooss y Sigurd Leeder, mientras que la mexicana y la venezolana, recibieron un determinante influjo de la danza moderna de Martha Graham, así como de los principios fundamentales de José Limón y Merce Cunningham, claros resultados de ella.

México y Venezuela representan dos de las más altas expresiones de la danza contemporánea latinoamericana. La primera, unida inseparablemente al movimiento cultural post revolucionario mexicano y su consiguiente evolución cosmopolita. La segunda, abierta, rica, diversa y sin ataduras aparentes a un demandante pasado histórico.

Desde los orígenes de la danza moderna mexicana, ubicados en el estreno de La coronela, de la norteamericana Waldeen, en 1940, así como en las creaciones de Anna Sokolow, el signo de la violencia se hizo presente dentro de este colectivo dancístico. Los más referenciales coreógrafos de este movimiento, Guillermina Bravo -Recuerdo a Zapata (1951), Guernica (1952), El demagogo (1956), Lamento por un suceso trágico (1975), Sobre la violencia (1989); Guillermo Arriaga, Zapata (1953)- y Raúl Flores Canelo, Luzbel (1974), El hombre y la danza (1976), Pervertida (1990)- hicieron del código de la agresión una insospechada arista creativa y una sólida filosofía de vida. A partir de la década de los 80 el espíritu de la violencia penetró el cuerpo y la sensibilidad de los hacedores de la llamada danza independiente mexicana, ejemplificada en las obras de las agrupaciones Barro Rojo, Utopía, Antares y La cebra, entre muchas otras.

La danza contemporánea venezolana emergió con fuerza a partir de 1950, a raíz del establecimiento en el país del bailarín mexicano Grishka Holguin. Sus más célebres obras Medea, Hiroshima, Giros negroides (1959) y Banshee (1964), dan cuenta de la orientación conceptual y estética del autor, enmarcada dentro de la tendencia del abstraccionismo dramático. Los referenciales años 70 y 80 produjeron en la danza de Venezuela una suerte de implosión creativa, tanto cuantitativa como cualitativa. Desde Danzaluz, Marisol Ferrari abordó la violencia como dimensión humana, social y política en obras como Santa María de Iquique (1972), Por Vietnam (1973), El canto del gallo (1974) y Soweto (1987), entre muchas otras. Los proyectos de Danzahoy (Adriana Urdaneta y Luz Urdaneta), Coreoarte (Carlos Orta) y Acción Colectiva (Julie Barnsley), así como las acciones solistas del bailarín Luis Viana, también ofrecieron perspectivas disímiles de la violencia, tanto desde una dimensión urbana latinoamericana, como desde una más intimista y universal.

La violencia en la danza es un tema de creciente interés en el contexto latinoamericano. Se trata de un fenómeno ya, incluso, objeto de investigación en las universidades, que se vive con inquietante naturalidad en la vida cotidiana. Nuevas expresiones coreográficas continúan surgiendo desde las conflictivas realidades sociales de cada país, pero también desde la ineludible presencia de la cultura globalizada que todo lo afecta y lo condiciona.

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